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domingo, 14 de junio de 2026

“Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad…” (Mt 9, 36 – 10, 8)

 

El Evangelio, hoy, nos invita a  participar de la mirada de Jesús. Una mirada que no se pierde en el anonimato de la muchedumbre, una mirada capaz de percibir los sentimientos de las personas. La de Aquél que es com-pasivo: ha venido a "padecer-con" nosotros, a compartir nuestros sentimientos y nuestra vida. Lo hace, además, para que nuestra vida no sea "pasiva": Él viene a nosotros para transmitirnos libertad, iniciativa creadora. 

Una mirada que descubre posibilidades. En ese gentío cansado y desorientado "como ovejas sin pastor", Jesús percibe un campo maduro, como las mieses en este tiempo de cosecha. Y hacen falta personas dispuestas a trabajar para recogerlo, para que no se pierda. Las respuestas a las inquietudes y anhelos, al hambre de nuestro tiempo, están también entre nosotros, esperando ser despertadas. 

La mirada de Jesús conecta con las personas, y llama. Nos invita a compartir su vida, su misma misión. Al recordar los doce apóstoles, Mateo muestra a Jesús fundando un "nuevo Israel": la Iglesia (como el antiguo Israel se fundó sobre doce tribus, doce patriarcas). Será "un reino de sacerdotes y una nación santa" (Éxodo, 19, 2-6). Con un sacerdocio que no se reduce al culto, sino que une nuestra realidad vital con Dios. Con una santidad que no nos separa de lo humano, sino que transmite en lo cotidiano la vida de Dios, su amor, que es fuente de salud, de vida, de dignidad. Que vence al mal: "curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios". Testimonio de que Dios no ha abandonado el mundo, está presente y comienza (con nuestra colaboración) a hacer presente su Reino

Mateo nos recuerda los nombres de aquellos primeros apóstoles y algún detalle pesonal. Es el comienzo de una lista que nos incluye a cada uno de nosotros. Somos alcanzados por esa mirada de amor que comprende nuestros sentimientos. Somos invitados a formar parte viva de la Iglesia, a unirnos a Jesús en su misión. A experimentar y transmitir la cercanía de Dios que sana y renueva. A compartir la mirada de Jesús. 



domingo, 17 de mayo de 2026

"Yo estoy con vosotros todos los días..." (Mt 28, 16-20)

 

Contemplamos a Jesús la derecha del Padre, participando de su gloria. Jesús, hombre verdadero, que anunció el amor del Padre, haciendo el bien y sanando (Hch 10, 38), que lavó los pies de los discípulos, aquél que entregó su vida en la cruz, se manifiesta plenamente como Dios. Y Él es la plena revelación de Dios para nosotros. 

El mismo que contemplamos despojado de todo en la cruz, participa del poder de Dios en el cielo y en la tierra. Un poder que no se ejerce como imposición. Un poder que es capacidad de crear y dar vida. Que abre caminos nuevos para nosotros. Y, aunque no sabemos bien cómo, conducirá nuestra historia -la de nuestro mundo y la de cada uno de nosotros- a la Vida, a la plenitud. 

Como aquellos discípulos, nos acercamos a Él con actitud de adoración, y también con nuestras vacilaciones y debilidades. Y Él se acerca a nosotros. Y nos envía a ser testigos y continuadores de su obra y de su palabra.

Contemplamos a Jesús, pero no para quedarnos "plantados mirando al cielo" (Hch 1, 11) sino para ponernos en camino. Para "hacer discípulos": anunciar la Palabra y el amor de Dios, y acercar a otros al Maestro. Para bautizar, que no sólo es realizar ese rito, sino ir cumpliendo lo que significa: ir introduciendo en la vida “del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”¸ en esa relación de amor que pasa por el amor fraterno. Juan 14-15, que nos habla del mandato del amor y de la participación en la vida de la Trinidad, desarrolla lo que significa “guardar lo que os he mandado”.

Cristo nos confía su obra. (¿Qué pasos tenemos que dar para ello?). En nuestra debilidad se hará presente su fuerza. Cristo ya no está físicamente presente con los discípulos, pero nos acompaña “todos los días, hasta el fin del mundo”. nos mueve también a pensar qué pasos hemos de dar (sin que nuestras debilidades nos paralicen).


Lecturas de hoy


domingo, 1 de junio de 2025

“Seréis mis testigos” (Lc 24, 46-53)

 

Con Pablo, hoy podemos orar, pidiendo que “El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo” (Ef 1, 17-20)

La fiesta que hoy celebramos está unida a la de la Resurrección de Jesús, es como una faceta de este misterio. Cristo resucitado está “sentado a la derecha del Padre”, participa de su gloria y de su señorío sobre el mundo y la historia.

Pidamos a Dios que nos ayude a atisbar esa experiencia del Resucitado y de su Espíritu, que no cabe en palabras ni conceptos, y que los evangelistas nos transmiten con un lenguaje lleno de simbolismo. Contemplemos a Jesús “elevado al cielo”, que está por encima de todo. Y que nos acompaña, aunque ya no lo vemos sensiblemente.

Lucas, en el Evangelio, sitúa este misterio en “Aquel mismo día” (Lc 24,13. El primer día de la semana” Lc 24,1). En los Hechos de los Apóstoles, él mismo nos dice que estuvo “apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios” (Hch 1,3). Con estas referencias temporales simbólicas (40 días refiere un tiempo de preparación, de transformación personal y comunitaria), nos transmite que los primeros discípulos vivieron un tiempo de experiencia singularmente fuerte de la presencia viva de Jesús Resucitado: Jesús resucitado tomó la iniciativa, salió a su encuentro, y ese encuentro con El los transformó  y los reunió, formando una comunidad viva. Esa experiencia inenarrable dio paso a otra etapa o situación, en que la comunidad ha de aprender a dejarse conducir por el Espíritu Santo, para ser testigos de Jesús hasta el confín de la tierra.

Esta nueva etapa es tiempo del Espíritu Santo, la fuerza que viene de lo alto, que enseña, capacita, guía en la misión y en la vida. Y sigue siendo un tiempo de aprendizaje, en que la Iglesia ha estar siempre atenta para superar actitudes equivocadas, como la de pensar las cosas de Dios al estilo del mundo (“¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?”), o la de olvidarse del mundo y quedarse “plantados mirando al cielo”. Sobre todo (el Evangelio y los Hechos insisten en ello), es tiempo de ser testigos de Jesús: de su muerte, resurrección y de su invitación a una vida nueva (conversión). Ser testigos, que implica cultivar la experiencia personal de encuentro con Cristo, y salir al encuentro de las personas, del mundo.

Es nuestro tiempo.



domingo, 14 de julio de 2024

"Los fue enviando" (Mc 6, 713)

 


A pesar del rechazo que ha encontrado en su propio pueblo (como escuchábamos el domingo pasado), Jesús sigue anunciando el Evangelio y además, involucra en su misión a los Doce. Y ello, a pesar de que todavía tienen mucho que aprender. Es que, para ser discípulos, para descubrir lo que significa el Reinado de Dios que Jesús anuncia, esos discípulos (y nosotros) han de hacer la experiencia de predicar la conversión, de luchar contra el mal y de hacer el bien, sanar a otros. El Evangelio nos recuerda, hoy, que la Iglesia no existe para sí misma. No podemos vivir la fe como “consumidores”. Se nos ha dado este don para que lo transmitamos a otros.  

Marcos alude apenas al contenido de aquella predicación, y subraya, sobre todo, actitudes. Por un lado, cuenta lo que hacen los discípulos, en consonancia con Jesús: curar, llamar a la conversión (otra actitud: la de volverse hacia Dios), vencer al mal (“echar demonios”. Jesús les ha dado, precisamente, autoridad para eso). Y, señala las instrucciones de Jesús:

-  Los envía “de dos en dos”. Esto subraya la importancia del testimonio (que se confirmaba por la declaración de dos testigos). Y de la comunidad. Transmitimos una fe que cultivamos en comunidad y que no es teoría, sino testimonio de vida.

- Y los envía preparados para un camino largo (con bastón y sandalias), pero sin provisiones, reservas ni protección: han de ir confiados en la Providencia y en la hospitalidad de las gentes, a la que tendrán que acogerse, sin discriminaciones. La autoridad para vencer el mal, aquí, va acompañada por la sencillez para recibir, como pobres, lo que necesiten. Cabe apuntar que en aquel tiempo, había también predicadores itinerantes de algunos grupos judíos, que llevaban su propia comida para no exponerse a comer algo que no cumpliera los preceptos de pureza legal, o a ser acogidos por pecadores.

En los primeros tiempos del cristianismo, hubo predicadores itinerantes. En nuestros días, y frente a la tentación de instalarnos, necesitamos mantener cierta actitud de itinerancia, de relativizar muchas cosas para recordar que Dios es lo primero. De recordar que somos llamados para ser enviados. ¿Cómo puedo vivir ese envío en mi realidad concreta?



domingo, 7 de abril de 2024

"Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros..." (Jn 20, 19-31)

 

En la liturgia, toda esta semana que hemos pasado es un eco del Domingo de Pascua. Y el Evangelio nos vuelve a situar en "el día primero de la semana". Ese día iluminado por la Resurrección de Jesús es para nosotros siempre el primero, la referencia de toda nuestra vida. 

Los discípulos ya han recibido la noticia de la Resurrección del Señor. Juan, con Pedro, "vio y creyó" (Jn 20,8); María Magdalena se encontró con el Resucitado y ha transmitido a los demás su palabra (Jn 20,11-18). Cuando Jesús aparece, lo reconocen sin las vacilaciones iniciales. Sin embargo, están encerrados en una sala con miedo. Han empezado a comprender y creer, pero su fe y su vida tienen límites y lastres. El Evangelio está narrando un camino de fe que puede ser también el nuestro. 

Nos habla de una experiencia con notas que contrastan: la paz, la alegría ... y las llagas de Jesús, que aparecen tres veces en el relato. Tomás, aquel discípulo decido y generoso que en un día difícil dijo "vayamos también nosotros y muramos con Él" (Jn 11, 16), necesita tocarlas para creer que es verdad la Resurrección. Parece que la impresión del sufrimiento del Crucificado le hace preguntarse si es el mismo que los demás afirman haber visto, resucitado. ¿Cómo puede ser eso, qué camino hay de la Cruz a la Resurrección? 

Y precisamente, Jesús se identifica mostrando esas llagas. Su paz no es la tranquilidad de quien está a salvo de conflictos. Su alegría ha conocido el dolor, no está "más acá" de la cruz, sino "más allá". Por eso, el Resucitado ofrece respuesta a cuantos experimentan el dolor, el fracaso y la muerte. Es más: sigue llevando en sus manos la señales de la Cruz en que se ha unido a todos los que sufren, los sigue teniendo presentes. Y ante Él, Tomás pronuncia la confesión más completa de todos los Evangelios: "Señor mío y Dios mío". 

En este Evangelio aparecen también, con fuerza, el envío y la comunión. Comunión con Él: nos envía como el Padre lo ha enviado, y con su mismo Espíritu. La misión no es la simple realización de una tarea encargada. Es comunión con Jesús. Está llamada a dejarse impulsar por su Espíritu (y por su estilo, sus palabras y obras) y a hundir sus raíces en la misma experiencia de amor que Jesús tiene del Padre. 

Comunión que crea comunidad, y de alguna manera se hace "palpable" en la comunidad. Jesús se hace presente en medio de los discípulos reunidos en su nombre. Y es ahí, en comunidad, donde Tomás lo encuentra. La experiencia de Dios, de Jesús es personal, y a la vez comunitaria (es singular, pero no individual). Y los Hechos de los Apóstoles nos muestran una de las consecuencias de ese encuentro de Jesús Resucitado con sus discípulos, de esa transmisión del Espíritu y ese envío: la comunidad que comparte vida y da testimonio de El. Una comunidad que, con todas sus pobrezas y limitaciones (Los Hechos de los Apóstoles irán contando las dificultades y discusiones de aquellos primeros cristianos) es lugar de encuentro con Jesús y continúa su obra. 

El Evangelio nos habla de Jesús que se hace presente en el primer día de la semana (el Domingo), en ese encuentro semanal de los discípulos. Se hace presente en la Eucaristía que celebramos, para transmitirnos su Paz y su Alegría, para invitarnos a acercarnos a Él (y "poner el dedo en la llaga", hablar con Él de nuestras dificultades, nuestros miedos, nuestras puertas cerradas), para comunicarnos su Espíritu y enviarnos.


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

domingo, 18 de junio de 2023

"Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad..." (Mt 9, 36-10,8)

 

El Evangelio, hoy, nos invita a  participar de la mirada de Jesús. Una mirada que no se pierde en el anonimato de la muchedumbre, sino que alcanza a percibir los sentimientos de las personas. Es la mirada de Aquél que es com-pasivo: ha venido a "padecer-con" nosotros, a compartir nuestros sentimientos y vida. Precisamente, para que nuestra vida no sea "pasiva", para transmitirnos su iniciativa creadora, que es fuente de libertad. 

Una mirada que descubre las posibilidades. En ese gentío cansado y desorientado "como ovejas sin pastor", Jesús sabe ver un campo maduro, lleno de fruto, que precisa alguien dispuesto a trabajar para recogerlo, para que no se pierda, para que pueda ser el pan que el mundo precisa. 

Nos invita también, a dejarnos alcanzar por esa mirada que elige, y que invita a compartir su vida, su misma misión. Al recordar los doce apóstoles que Jesús escoge, Mateo nos muestra cómo Jesús está fundando un "nuevo Israel" (como el antiguo Israel se fundó sobre doce tribus, doce patriarcas): la Iglesia. Será "un reino de sacerdotes y una nación santa" (como hemos escuchado, que, en la primera lectura, llamó Dios a Israel). Con un sacerdocio que ya no se reduce al culto, y una santidad que no es exclusividad, sino al estilo de Jesús: transmitir el amor y la cercanía de Dios a todos, como fuente de salud, de vida, de dignidad; como lucha contra el mal: "curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios". Testimonio de que "el reino de los cielos está cerca", de la cercanía de Dios, que viene a nosotros para ir implantando (con nuestra colaboración) su justicia, su paz... 

Mateo nos recuerda los nombres de aquellos primeros apóstoles y algún detalle de su historia. Es el comienzo de una lista que nos incluye a cada uno de nosotros. Somos alcanzados por esa mirada de amor que comprende nuestros sentimientos. Somos invitados a formar parte viva de la Iglesia. es decir, unirnos a Jesús en su misión. Y en lo que esa misión implica: hacer experiencia de la cercanía de Dios que es fuente de salud y vida. Hasta llegar a compartir la mirada de Jesús. 


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)




domingo, 21 de mayo de 2023

"Yo estoy con vosotros todos los días..." (Mt 28, 16-20)

 

Acercándonos al final de la Pascua, la fiesta de la Ascensión nos invita a profundizar en lo que significa la Resurrección de Jesús. Lo contemplamos a la derecha del Padre, manifestando que es Dios. Aquel hombre, Jesús, que recorrió los caminos de Galilea y Judea anunciando el amor del Padre, haciendo el bien y sanando (Hch 10, 38), que lavó los pies de los discípulos, que se sometió al juicio de Pilatos  y entregó su vida en la cruz, es Dios, y es la plena revelación de Dios. 

El tiene pleno poder en el cielo y en la tierra. Un poder que no se ejerce como imposición ni manipulación. Un poder, el que el Padre le ha dado, que tal vez no comprendemos del todo, pero tiene que ver con la capacidad de crear y dar vida. Que abre caminos nuevos en nuestra vida y, no sabemos bien cómo, conducirá nuestra historia -la de nuestro mundo y la de cada uno de nosotros- a la Vida, a la plenitud. 

Como aquellos discípulos, nos acercamos a Él con actitud de adoración, y también con dudas, con nuestras vacilaciones y debilidades. Y El se acerca a nosotros. Y nos envía a ser testigos y continuadores de su obra y de su palabra. Ese monte de Galilea donde los Once se encuentran con Jesús, nos recuerda al monte de la Transfiguración, donde el Padre nos urgía a escuchar a Jesús (Mt 17,5) y al monte en el que Jesús anunció las Bienaventuranzas (Mt 5-7) donde encontramos sus enseñanzas, las que hemos de "guardar" y transmitir. 

Contemplamos a Jesús, pero no para quedarnos "plantados mirando al cielo" (Hch 1, 11) sino para ponernos en camino, y "hacer discípulos", transmitir el anhelo de búsqueda de la verdad y de la vida que a nosotros nos lleva a Él, invitar a otros también a hacer camino, a descubrirlo, a seguirle y unirse a Él. La celebración de hoy nos mueve también a pensar qué pasos hemos de dar (sin que nuestras debilidades nos paralicen). El está con nosotros, en los días buenos y en los malos. Tal vez lo experimentamos, especialmente, cuando nos implicamos en continuar su obra. 

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)




domingo, 16 de abril de 2023

"Paz a vosotros... Os envío" (Jn 20, 19-31)

 

El encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos que narra Juan tiene muchos detalles, muchos elementos implícitos para contemplar. Apunto sólo algunos. 

Jesús se hace presente en medio de una comunidad que ya ha recibido el anuncio de la Resurrección (a través del testimonio de María Magdalena. Y de su propia visita al sepulcro vacío, donde el discípulo amado "vio y creyó", Jn 20,8) pero se encuentra "con las puertas cerradas por miedo". Una vez más, Juan nos está dando a entender cómo el encuentro de los discípulos con el Resucitado no fue un "flash" que cambió todo como por arte de magia, sino un proceso, un camino en que los amigos de Jesús recorrieron con dificultades (y el Evangelio nos habla de comprender, caer en la cuenta, reconocer...) y, en el que experimentaron la fuerza transformadora del Señor. Y su gozo: "los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor". 

Junto a la alegría, la Paz, que es saludo, repetido tres veces, del Señor. Es la paz del Resucitado, que lleva las señales de su paso por la cruz y la muerte. Es la paz de quien ha afrontado el conflicto, de quien conoce en propia carne, el sufrimiento de la humanidad (de toda la humanidad), y la muerte; de quien ha cargado con nuestra injusticia, mentiras, violencia (todo eso que se hizo presente en su condena a muerte...). Es la Paz de quien, asumiendo todo esto, abre un camino nuevo de vida. Es la victoria de Dios, que no se impone por la fuerza, sino que encuentra otro modo de brotar. Es una Paz que tiene que ver con la Misericordia de Dios, que celebramos también en este domingo. Y con el envío de los discípulos, a quienes Jesús confía una misión de reconciliación, de perdón de los pecados.

El Evangelio habla también de la comunidad, que es lugar de encuentro con Jesús. Por eso Tomas, que "no estaba con ellos", es incapaz de creer. Y por eso también Tomás, que a pesar de sus dudas (ese querer que Dios se manifieste a la medida de sus condiciones) permanece en la comunidad, llega a encontrarse con Jesús. Un encuentro verdadero, en el que Tomás comprende, confiesa lo que no podría haber "palpado": la divinidad y el señorío de Cristo.  

"Muchos otros signos" hizo y sigue haciendo Jesús. Como aquella primera comunidad, nosotros tenemos una fe incipiente, con miedos y puertas cerradas . No encontramos, por ejemplo, la "puerta" para entrar en el corazón de nuestra cultura y anunciar, de forma que nos comprendan, lo que ofrece Cristo Resucitado. Pero Jesús se hace presente, para comunicarnos su paz y su gozo. Somos invitados a "creer sin ver", a ponernos en camino, aun no sin tenerlo "todo claro", sin tener encajadas todas las piezas de nuestro puzle.  Estamos en camino de experimentar el encuentro con Jesús resucitado y la Vida que nos ofrece. Y Él nos envía. 


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

sábado, 2 de julio de 2022

"Poneos en camino" (Lc 10, 1-12.17-20)


 Jesús envía a sus discípulos. Esta vez, no se trata de los Doce, sino de setenta y dos, un número simbólico, mucho mayor, que habla de la totalidad de la comunidad. Los envía, por otra parte, cuando aún tienen mucho por aprender: participar de la misión de Jesús los ayudará a ser sus discípulos. Y es que el Evangelio se comprende al intentar vivirlo y transmitirlo. 

Van por delante de Jesús: Él mismo completará lo que ellos comienzan, en un campo tan amplio como el mundo, que necesita muchos obreros, urge la misión. Por eso, no han de detenerse a saludar a nadie por el camino. Y van "de dos en dos": no como individuos aislados, sino como comunidad.

A un mundo "de lobos", Jesús los envía "desarmados": sin seguridades, dispuestos a compartir el Evangelio (a curar, anunciar... ) y a dejarse acoger (a diferencia de otros predicadores itinerantes, que llevaban sus propios víveres para no contaminarse), con un mensaje de paz y de cercanía del Reino, incluso para quienes no quieran recibirlos. Su seguridad, más fuerte que otra defensa o medio, es la confianza en Dios, capaz de suscitar, también, relaciones de confianza y acogida mutua. 

El Evangelio nos recuerda, hoy, que somos todos enviados a anunciar, con palabras y obras, el Reino, la presencia de Dios entre los hombres, capaz de ir construyendo relaciones nuevas. Es un anuncio de alegría y de paz, como anticipan el profeta Isaías y el salmo. Un anuncio que implica también renovar nuestra forma de vivir, de formar comunidad cristiana, de vivir abiertos a los demás para acoger y dejarnos acoger. 

Nos invita, en fin, a ponernos en camino. Puede sonar paradójico, en este tiempo de fin de curso, de vacaciones para muchos. Puede ser una invitación a que, ahora que terminamos el recorrido de un año, pensemos ¿qué camino invita Dios a andar?


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

sábado, 10 de julio de 2021

"Llamó Jesús a los Doce y los fue enviando..." (Mc 6, 7-13)



 La Palabra, hoy, habla de envío. Dios llama (como a Amós, que tendía "su vida hecha") y envía. Esta vez, el Evangelio apenas entra en el contenido de lo que han de predicar los Doce (la conversión), y subraya su estilo de vida como apóstoles, con algunas notas: 

- la comunidad. Los envía "de dos en dos". Su misión no es personalista, sino labor compartida.

- la confianza en la Providencia, y el dejarse acoger. Son apóstoles abiertos a compartir, a recibir, a necesitar de los demás. 

- la "autoridad sobre espíritus inmundos", que se manifestará en la capacidad de curar. Comparten la misión de Jesús, que se sanadora y liberadora del mal.

La lectura  de la carta a los Efesios  (Ef 1, 3-14) nos ofrece el trasfondo de esa llamada: Dios nos eligió en la persona de Cristo para ser sus hijos, santos e irreprochables por el amor, destinatarios de un derroche de gracia, sabiduría y prudencia. Somos llamados a tomar conciencia de esa bendición que hemos recibido, para transmitirla a los demás. 



sábado, 22 de mayo de 2021

"Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 19-23)


Pentecostés es la fiesta de la plenitud. Terminamos el tiempo de Pascua abriéndonos al Espíritu Santo, que es el que nos comunica la vida del Resucitado, nos renueva, nos hace posible descubrir en el día a día (mañana retomamos el tiempo "ordinario") la presencia y la voz de Dios, que nos llena de gozo, y hacer vida, en lo cotidiano, el Evangelio. 

Una vez más, somos llamados a la confianza, a la esperanza. Jesús resucitado se hace presente a pesar de que los discípulos se encuentran bloqueados por el miedo, y les comunica su Espíritu, a la vez que los envía. Él es capaz de abrir nuevos caminos entre nosotros, de ayudarnos a superar nuestros miedos y dificultades. 

Somos invitados a contar con el Espíritu. A invocarlo, a abrirnos a Él, buscando la verdad, intentando vivir en apertura, cultivando la acogida y la capacidad de comunión. A discernir su voz y su inspiración, para dejarnos impulsar por Él. 

Somos enviados, con un mensaje que es de perdón, de reconciliación y sanación para nuestro mundo. Con el testimonio de las maravillas de Dios, que quiere ser proclamado en las todas las lenguas, sonar de forma comprensible para todos, vibrar con la sensibilidad de cada uno, para ayudar a cada uno a reconocerse como hijo de Dios y aportar el don que ha recibido, para construir un mundo de hermanos. 

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas [= despiertas] en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!

San Juan de la Cruz



sábado, 17 de octubre de 2020

"Aquí estoy, envíame" DOMUND 2020


Señor, me da miedo lo desconocido,
me veo insignificante y débil,
pero me fío de Ti, que me amas
y has querido contar conmigo
para llegar al corazón de otros.

Aquí estoy, envíame.

Tú me muestras la Iglesia entera,
mucho más allá de lo que alcanzo a ver.
Señor, quiero ayudar a que tu Evangelio
siga sanando la dignidad herida
de tantas personas en el mundo.

Aquí estoy, envíame.

Tú puedes hacer de mí
un cristal que te transparente
ante quienes no te conocen,
ante quienes sufren la injusticia,
el dolor, la enfermedad, la pobreza,
el hambre de pan, el hambre de Vida.

Aquí estoy, envíame.



  El Evangelio habla de un descubrimiento, de un tesoro escondido. Hay quien lo encuentra de forma inesperada, como el labrador que cava en ...