domingo, 17 de mayo de 2026

"Yo estoy con vosotros todos los días..." (Mt 28, 16-20)

 

Contemplamos a Jesús la derecha del Padre, participando de su gloria. Jesús, hombre verdadero, que anunció el amor del Padre, haciendo el bien y sanando (Hch 10, 38), que lavó los pies de los discípulos, aquél que entregó su vida en la cruz, se manifiesta plenamente como Dios. Y Él es la plena revelación de Dios para nosotros. 

El mismo que contemplamos despojado de todo en la cruz, participa del poder de Dios en el cielo y en la tierra. Un poder que no se ejerce como imposición. Un poder que es capacidad de crear y dar vida. Que abre caminos nuevos para nosotros. Y, aunque no sabemos bien cómo, conducirá nuestra historia -la de nuestro mundo y la de cada uno de nosotros- a la Vida, a la plenitud. 

Como aquellos discípulos, nos acercamos a Él con actitud de adoración, y también con nuestras vacilaciones y debilidades. Y Él se acerca a nosotros. Y nos envía a ser testigos y continuadores de su obra y de su palabra.

Contemplamos a Jesús, pero no para quedarnos "plantados mirando al cielo" (Hch 1, 11) sino para ponernos en camino. Para "hacer discípulos": anunciar la Palabra y el amor de Dios, y acercar a otros al Maestro. Para bautizar, que no sólo es realizar ese rito, sino ir cumpliendo lo que significa: ir introduciendo en la vida “del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”¸ en esa relación de amor que pasa por el amor fraterno. Juan 14-15, que nos habla del mandato del amor y de la participación en la vida de la Trinidad, desarrolla lo que significa “guardar lo que os he mandado”.

Cristo nos confía su obra. (¿Qué pasos tenemos que dar para ello?). En nuestra debilidad se hará presente su fuerza. Cristo ya no está físicamente presente con los discípulos, pero nos acompaña “todos los días, hasta el fin del mundo”. nos mueve también a pensar qué pasos hemos de dar (sin que nuestras debilidades nos paralicen).


Lecturas de hoy


domingo, 10 de mayo de 2026

"El Espíritu de la Verdad" (Jn 14, 15-21)

 

Continuamos escuchando las palabras de Jesús a sus discípulos, en la Última Cena. Jesús se está despidiendo. Ya no estará con ellos físicamente. Pero seguirá acompañándonos. Jesús habla de una presencia en la ausencia, difícil de explicar con palabras, pero intensa y real, más aún, vivificante: "el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis". 

Empieza así a anunciar al Espíritu Santo. Y habla de Él como el Paráclito (el que acompaña, para defender, para interceder y amparar, para ayudar, para infundir ánimo y luz...). Es presencia espiritual.  Por tanto, no podemos percibirlo y controlarlo con la exactitud de las cosas físicas. Sobre todo, es presencia que infunde vida. Jesús habla de él como el Espíritu de la Verdad, aquél que nos "guiará hasta la verdad plena" (Jn 16,3): Verdad siempre mayor que nosotros, verdad que es vida y crea vida.

Es presencia por el amor, que nos une a Jesús, y con Él, al Padre. Adhesión a Él, que une nuestra voluntad con la suya, y que, por eso, se expresa en ese "guardar sus mandamientos". Y estos mandamientos se resumen en que "como yo os he amado, os améis unos a otros" (Jn 13, 34). No se trata de normas impuestas desde fuera, ni de una condición externa, sino de una condición interna. Es “sintonizar” con Dios, situarnos de manera que podamos acoger y comprender su presencia y su palabra (me revelaré a él…)

De los frutos de ese ver a Jesús, acoger la Verdad, y ser acompañados por su Espíritu, nos hablan las otras dos lecturas. La primera nos cuenta cómo el Evangelio desborda los límites de Jerusalén y llega a Samaría, llenando la ciudad de la alegría y la fuerza sanadora de Jesús, que Pedro y Juan confirman. La carta de Pedro nos ofrece un mensaje actual: "dar razón de vuestra esperanza a todo el que la pidiere, con delicadeza, y respeto y en buena conciencia", como palabra que no siempre conlleva el éxito ("también Cristo murió") pero nos hace capaces de hacer el bien incluso cuando nos toca padecer, y es promesa de vida definitiva. 

El Espíritu "vive con vosotros y está con vosotros". ¿Cómo hacernos más conscientes, cómo escucharlo mejor, cada uno de nosotros y como comunidad? ¿Hacia dónde me impulsa?


Lecturas de hoy

domingo, 3 de mayo de 2026

"Yo soy el camino y la verdad y la vida" (Jn 14, 1-12)


 Hoy escuchamos parte del diálogo de Jesús con sus discípulos en la Última Cena, después lavar los pies de los discípulos y expresar su mandamiento nuevo ("que, como yo os he amado, así taos améis también vosotros, los unos a los otros", Jn 13,34), y aludir a las negaciones de Pedro y la traición de Judas. El mismo Jesús que dice "no se turbe vuestro corazón", es el que un momento antes, "se turbó en su interior" (Jn 13, 21). Él también conoce el miedo, la inseguridad, el desconcierto, que a veces no podemos evitar sentir. Él "va delante", como pastor (Jn 10, 4). Y nos invita a no dejar que esos sentimientos se instalen en nuestro corazón y nos gobiernen. Nos invita a la fe y la confianza. 

Jesús habla de la vida eterna ("para que donde esté yo, estéis también vosotros"), y la presenta como un estar con El, compartir su vida. Algo que ya empezamos a pre-gustar en esta vida, pero va más allá de lo que podemos conocer. Podemos, tal vez, reconocernos en la pregunta de Tomás "no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?". 

Y Jesús mismo se presenta como Camino. Y como Verdad y Vida. Estas palabras tienen diferentes niveles de sentido. Vale la pena dejar que resuenen en nuestro corazón, meditarlas.  

De entrada, tienen una referencia muy concreta: ese Jesús que ha lavado los pies, que va a entregar su vida en la cruz, es el camino que hemos de seguir. Ese amor que se hace servicio y entrega es la vida verdadera.

Jesús (su enseñanza, su persona, también su presencia en la Eucaristía) es una verdad que vamos descubriendo, y una vida que se nos comparte en un camino, porque somos incapaces de abarcar toda la verdad en un solo paso, en un momento. Jesús es camino (a la vez que es guía y meta). Y nos va llevando a la verdad y la vida. A la vez, es verdad que nos ayuda a vivir auténticamente. Y es vitalidad que da sentido al camino y da calor humano a la verdad... En Él vamos descubriendo a Dios, con Él podemos ir también comprendiendo nuestra vida y orientándola a plenitud.  

Estando una vez en oración (...) se me dio a entender una verdad, que es cumplimiento de todas las verdades; entendí el gran bien que hay en no hacer caso de cosa que no sea para llegarnos más a Dios, y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad. Esto que entendí es darme el Señor a entender que Él es la misma Verdad”.
            Esta Verdad que digo se me dio a entender, es en sí misma Verdad, y es sin principio ni fin, y todas las demás verdades dependen de esta Verdad, como todos los demás amores de este amor, y todas las demás grandezas de esta grandeza; aunque esto va dicho oscuro para la claridad con que a mí el Señor quiso se me diese a entender. ¡Y cómo se ve el poder de esta Majestad, pues en tan breve tiempo deja tan gran ganancia y tales cosas imprimidas en el alma!
           Santa Teresa de Jesús, Vida, 40, 1-6

Traer un ordinario apetito de imitar a Jesucristo en todas sus obras, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como él se hubiera” (S. Juan de la Cruz. Dichos de luz y amor)

 


Cuando Jesús dice "Yo soy...", conecta con aquel “Yo soy” con el que Dios se reveló a Moisés (Ex 3, 14). Jesús revela al Padre, y se muestra Él mismo como Hijo de Dios. Él, para nosotros, es pastor, puerta, luz, agua viva…

Y se revela en las obras. Obras de vida: curar, devolver la vista, rehabilitar las personas…  Ese es el toque de autenticidad de Dios. Él sorprende, te puede llevar incluso donde no pensabas. Pero te lleva a donde realmente quieres ir, te lleva a Vida.

Lecturas de hoy

domingo, 26 de abril de 2026

“Yo soy la puerta” (Jn 10, 1-10)

 

El domingo pasado veíamos a Jesús acompañar a los discípulos de Emaús, y conducirlos de nuevo a la comunidad, iluminados por su presencia y su palabra (por la fe) desde dentro del corazón.

Así es pastor Jesús. Hoy, el Evangelio nos habla de esa relación personal, que es de confianza (“el va llamando por el nombre a sus ovejas… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz”) y de libertad: “quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”.

Jesús utiliza la imagen del pastor, muy querida en el mundo de la Biblia, de Israel. De hecho, aquellos que fueron guías del pueblo y lo condujeron de parte de Dios, fueron también pastores, como Moisés (Ex 3,1) y David (1 Smuel 16,11). Como decía Aafrates, un padre de la Iglesia (s.III-IV) , porque quería que primero aprendiesen el oficio de quien debe preocuparse de las ovejas, fatigarse de día y vigilar de noche, sufrir las inclemencias del tiempo, defenderlas…

Para nosotros, términos como “rebaño” u “oveja” pueden tener connotaciones negativas (despersonalización, falta de pensamiento autónomo…). En el Evangelio de hoy, vemos que Jesús es Pastor que tiene relación personal con los suyos, y los hace crecer en libertad, realizarse totalmente. Jesús presenta hoy unas claves para discernir al guía auténtico del falso: la búsqueda del beneficio personal o el interés por la persona, y los frutos de esa labor: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Utiliza otra expresión sugerente: “Yo soy la puerta”. Puerta al espacio de Dios (el término que se ha traducido como redil, no se utiliza en la Biblia para hablar de un redil de ovejas, pero sí, p. ej., del atrio del templo, donde Jesús acaba de curar al ciego de nacimiento). Puerta a la vida. Puerta siempre abierta, para que podamos movernos con libertad.

Apoyados en el Buen Pastor, guiados por Él, es posible, incluso, afrontar el sufrimiento (cuando aparece en nuestras vidas) sin dejar de hacer el bien. De ello habla el pasaje de la I Carta de Pedro, que escuchamos (1 Pe 2, 20-25). No es que Dios desee que suframos: Él ha entregado a su Hijo, que vivamos en plenitud. Es que, sostenidos por El, “pastor y guardián de vuestras almas”, cuando nos alcanza el dolor o la injusticia, (“cuando sufrís por hacer el bien”), encontramos fuerza para no rendirnos al mal (“que aguantéis… eso es una gracia por parte de Dios”). Como Jesús , el que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), el que nos ha amado hasta padecer por nosotros “dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Huellas que llevan a la Vida Nueva. 

“Siempre cuando tornareis, os tendrá la puerta abierta. Una vez mostradas a gozar de este castillo, en todas las cosas hallaréis descanso, aunque sean de mucho trabajo, con esperanza de tornar a él, que no os lo puede quitar nadie.
Aunque no se trata de más de siete moradas, en cada una de éstas hay muchas: en lo bajo y alto y a los lados, con lindos jardines, y fuentes, y laberintos y cosas tan deleitosas, que desearéis deshaceros en alabanzas del gran Dios, que le crió a su imagen y semejanza”.
         
Teresa de Jesús, Las Moradas, Conclusión

Lecturas de hoy


domingo, 19 de abril de 2026

“Se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24, 13-35)

 


En esta mañana de Pascua, S. Lucas nos invita a descubrir a Jesús como compañero de camino.

En el relato de aquellos dos discípulos de Emaús, Lucas cuenta también la historia de la primera comunidad cristiana: “lo que les había pasado por el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan”. Una experiencia de Jesús que se hace especialmente fuerte en la Eucaristía. Experiencia de que Él los ha acompañado (“entró para quedarse con ellos”), aunque muchas veces “sus ojos no eran capaces de reconocerlo”, y no se le puede retener ni controlar (“se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista”). El mismo Resucitado los iluminaba, y les ayudaba a comprender la Escritura, y el sentido de cuanto habían vivido con Él, incluida la cruz (“¿no ardía nuestro corazón...? … les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras”)

Aquel mismo día (el primero de la semana)” es también hoy, y esta historia puede ser la tuya. Jesús se acerca también a ti y camina contigo. Se interesa por tu vida, con sus desencantos, inquietudes y frustraciones. También es capaz de encender tu corazón y ayudarte a comprender, a vivir tu realidad. Porque la Escritura no es un libro ajeno a ti, sino algo escrito para ti: para darte luz en lo que te toca vivir, y llevarte al encuentro con Cristo.

En este relato de encuentro, el Evangelio nos ofrece hoy varios puntos de conexión con Cristo: la Escritura, la Eucaristía, la acogida, y la comunidad, a la que regresan aquellos discípulos, aun en medio de la noche (sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía…) para compartir el testimonio, la alegría, la presencia de Cristo.

¡Quédate con nosotros, Señor!



El acompañamiento espiritual es una mediación para vivir esta experiencia: descubrir a Jesús que camina a nuestro lado; leer la Escritura desde nuestra vida (con sus anhelos, esperanzas, cruces...) para descubrir cómo pasa Dios por ella, y hacia dónde nos lleva. Para llevarnos a la comunidad, la Iglesia (en medio, también de nuestras noches), para vivir, humilde y también gozosamente, la fe, la experiencia de que es Verdad: Cristo vive y es fuente de vida.

domingo, 12 de abril de 2026

“Para que tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 19-31)

 


Juan señala hoy el sentido de su Evangelio, y, particularmente, de los relatos de la Resurrección. No se trata, meramente, de transmitir una información. Estos relatos son puentes para que nosotros lleguemos a Jesús, para que nos encontremos con Él. Para alimentar nuestra fe, que es encuentro personal. Encuentro sin ver, como hoy dicen el Evangelio y la carta de Pedro, porque esta relación no se basa en unas pruebas irrefutables que garantizan seguridad, sino en una confianza que genera vida. Así son las relaciones humanas (la amistad, el amor…). Encuentro que transmite la Paz de Jesús, su alegría, y nos convierte en enviados, capaces de transmitir su perdón y participar en toda su misión y en la experiencia de amor que la fundamenta, la que Jesús vive (“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”).

Hay en el Evangelio de hoy una reiterada alusión a las llagas de Jesús. Muestran que el Resucitado es el mismo que dio su vida en la cruz, donde se unió a todos los crucificados y asumió los dolores y dificultades de la humanidad. El Resucitado no es ajeno a todas esas realidades. Las sigue llevando en sus manos y en sus pasos, para derramar sobre ellas su misericordia. Ello nos invita también a poner nuestras propias heridas en diálogo con Él. Podemos experimentar cómo la acción de Dios en nuestra vida transforma heridas y dificultades en experiencia de su creatividad para dar vida, y de su amor.

Y la referencia al Espíritu, que transmite todo lo de Jesús y nos hace capaz de vivirlo: su : su paz, su alegría, su palabra, su amor. Pascua es tiempo del Espíritu. Se nos invita a tomar conciencia de su obrar. A invocarlo, a disponernos a su acción: lo hacemos cultivando la humildad y buscando la verdad; perdonando e intentando vivir desde el amor, con actitud de servicio; cultivando actitudes de gratuidad.

“Este cauterio es aquí el Espíritu Santo, (…) es a saber, fuego de amor (…) 
El cauterio del fuego material en la parte do asienta siempre hace llaga, y tiene esta propiedad: que si sienta sobre llaga que no era de fuego, la hace que sea de fuego. Y eso tiene este cauterio de amor, que en el alma que toca, ahora esté llagada de otras llagas de miserias y pecados, ahora esté sana, luego la deja llagada de amor; y ya las que eran llagas de otra causa, quedan hechas llagas de amor. Pero (…) la llaga del cauterio de amor no se puede curar con otra medicina, sino que el mismo cauterio que la hace la cura, y el mismo que la cura, curándola la hace. Y de esta manera ya toda cauterizada y hecha una llaga de amor, está toda sana en amor, porque está transformada en amor. (…) Por eso dice el alma bien aquí: ¡Oh llaga regalada! (…)  ¡Oh dichosa llaga, hecha por quien no sabe sino sanar!

S. Juan de la Cruz, Llama de Amor Viva, 2, 2,7-8



sábado, 4 de abril de 2026

“Ha resucitado y va delante de vosotros…” (Mt 28, 1-10; Jn 20, 1-9)

 

Cristo resucitado es nuestra esperanza, es fuente de Vida eterna y siempre Nueva para nosotros

Por Él, sabemos que, verdaderamente, estamos llamados a la vida para siempre. Y a una vida plena, porque Dios nos llama a participar de su vida a través de Jesús, su Hijo, que se ha hecho nuestro hermano y vence a la muerte.

Por eso, la Resurrección es el centro de nuestra fe. Y desde esta alegría somos llamados a escuchar cada palabra de Jesús, intuyendo que es palabra llena de Vida. Cristo resucitado, fuente de vida y alegría, es nuestra referencia, cada día y en cada momento.

El mensaje del ángel a las santas mujeres nos dice que Él va por delante de nosotros. Y nos envía a Galilea.

Galilea fue el lugar de la llamada, de la primera predicación de Jesús. Somos llamados a recordar nuestra vocación; a retomar nuestro camino de vida cristiana, sabiéndonos acompañados, precedidos, por la gracia de Jesús.  Y escuchar su palabra.

Galilea es el lugar de la vida cotidiana. Allí nos precede Jesús, y somos invitados a ir descubriendo los signos de su presencia, de su vida.

¡Feliz Pascua!


Lecturas de hoy

  Contemplamos a Jesús la derecha del Padre, participando de su gloria. Jesús, hombre verdadero, que anunció el amor del Padre, haciendo el ...