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domingo, 3 de mayo de 2026

"Yo soy el camino y la verdad y la vida" (Jn 14, 1-12)


 Hoy escuchamos parte del diálogo de Jesús con sus discípulos en la Última Cena, después lavar los pies de los discípulos y expresar su mandamiento nuevo ("que, como yo os he amado, así taos améis también vosotros, los unos a los otros", Jn 13,34), y aludir a las negaciones de Pedro y la traición de Judas. El mismo Jesús que dice "no se turbe vuestro corazón", es el que un momento antes, "se turbó en su interior" (Jn 13, 21). Él también conoce el miedo, la inseguridad, el desconcierto, que a veces no podemos evitar sentir. Él "va delante", como pastor (Jn 10, 4). Y nos invita a no dejar que esos sentimientos se instalen en nuestro corazón y nos gobiernen. Nos invita a la fe y la confianza. 

Jesús habla de la vida eterna ("para que donde esté yo, estéis también vosotros"), y la presenta como un estar con El, compartir su vida. Algo que ya empezamos a pre-gustar en esta vida, pero va más allá de lo que podemos conocer. Podemos, tal vez, reconocernos en la pregunta de Tomás "no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?". 

Y Jesús mismo se presenta como Camino. Y como Verdad y Vida. Estas palabras tienen diferentes niveles de sentido. Vale la pena dejar que resuenen en nuestro corazón, meditarlas.  

De entrada, tienen una referencia muy concreta: ese Jesús que ha lavado los pies, que va a entregar su vida en la cruz, es el camino que hemos de seguir. Ese amor que se hace servicio y entrega es la vida verdadera.

Jesús (su enseñanza, su persona, también su presencia en la Eucaristía) es una verdad que vamos descubriendo, y una vida que se nos comparte en un camino, porque somos incapaces de abarcar toda la verdad en un solo paso, en un momento. Jesús es camino (a la vez que es guía y meta). Y nos va llevando a la verdad y la vida. A la vez, es verdad que nos ayuda a vivir auténticamente. Y es vitalidad que da sentido al camino y da calor humano a la verdad... En Él vamos descubriendo a Dios, con Él podemos ir también comprendiendo nuestra vida y orientándola a plenitud.  

Estando una vez en oración (...) se me dio a entender una verdad, que es cumplimiento de todas las verdades; entendí el gran bien que hay en no hacer caso de cosa que no sea para llegarnos más a Dios, y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad. Esto que entendí es darme el Señor a entender que Él es la misma Verdad”.
            Esta Verdad que digo se me dio a entender, es en sí misma Verdad, y es sin principio ni fin, y todas las demás verdades dependen de esta Verdad, como todos los demás amores de este amor, y todas las demás grandezas de esta grandeza; aunque esto va dicho oscuro para la claridad con que a mí el Señor quiso se me diese a entender. ¡Y cómo se ve el poder de esta Majestad, pues en tan breve tiempo deja tan gran ganancia y tales cosas imprimidas en el alma!
           Santa Teresa de Jesús, Vida, 40, 1-6

Traer un ordinario apetito de imitar a Jesucristo en todas sus obras, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como él se hubiera” (S. Juan de la Cruz. Dichos de luz y amor)

 


Cuando Jesús dice "Yo soy...", conecta con aquel “Yo soy” con el que Dios se reveló a Moisés (Ex 3, 14). Jesús revela al Padre, y se muestra Él mismo como Hijo de Dios. Él, para nosotros, es pastor, puerta, luz, agua viva…

Y se revela en las obras. Obras de vida: curar, devolver la vista, rehabilitar las personas…  Ese es el toque de autenticidad de Dios. Él sorprende, te puede llevar incluso donde no pensabas. Pero te lleva a donde realmente quieres ir, te lleva a Vida.

Lecturas de hoy

domingo, 19 de abril de 2026

“Se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24, 13-35)

 


En esta mañana de Pascua, S. Lucas nos invita a descubrir a Jesús como compañero de camino.

En el relato de aquellos dos discípulos de Emaús, Lucas cuenta también la historia de la primera comunidad cristiana: “lo que les había pasado por el camino, y cómo lo habían reconocido al partir el pan”. Una experiencia de Jesús que se hace especialmente fuerte en la Eucaristía. Experiencia de que Él los ha acompañado (“entró para quedarse con ellos”), aunque muchas veces “sus ojos no eran capaces de reconocerlo”, y no se le puede retener ni controlar (“se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció de su vista”). El mismo Resucitado los iluminaba, y les ayudaba a comprender la Escritura, y el sentido de cuanto habían vivido con Él, incluida la cruz (“¿no ardía nuestro corazón...? … les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras”)

Aquel mismo día (el primero de la semana)” es también hoy, y esta historia puede ser la tuya. Jesús se acerca también a ti y camina contigo. Se interesa por tu vida, con sus desencantos, inquietudes y frustraciones. También es capaz de encender tu corazón y ayudarte a comprender, a vivir tu realidad. Porque la Escritura no es un libro ajeno a ti, sino algo escrito para ti: para darte luz en lo que te toca vivir, y llevarte al encuentro con Cristo.

En este relato de encuentro, el Evangelio nos ofrece hoy varios puntos de conexión con Cristo: la Escritura, la Eucaristía, la acogida, y la comunidad, a la que regresan aquellos discípulos, aun en medio de la noche (sin otra luz y guía, sino la que en el corazón ardía…) para compartir el testimonio, la alegría, la presencia de Cristo.

¡Quédate con nosotros, Señor!



El acompañamiento espiritual es una mediación para vivir esta experiencia: descubrir a Jesús que camina a nuestro lado; leer la Escritura desde nuestra vida (con sus anhelos, esperanzas, cruces...) para descubrir cómo pasa Dios por ella, y hacia dónde nos lleva. Para llevarnos a la comunidad, la Iglesia (en medio, también de nuestras noches), para vivir, humilde y también gozosamente, la fe, la experiencia de que es Verdad: Cristo vive y es fuente de vida.

lunes, 5 de enero de 2026

“Venimos a adorarlo” (Mt 2, 1-12)

 

Celebramos la Epifanía: la manifestación del Hijo de Dios a todos los pueblos, representados en los magos de Oriente. La carta a los Efesios subraya esta universalidad de la salvación: el regalo que Dios nos ha hecho, su Hijo, es también para los gentiles (los no judíos), para todos los pueblos.

Entre las muchas dimensiones de esta fiesta, podemos fijarnos en algunos rasgos que nos propone el relato de Mateo:

- La búsqueda, el camino. Los sabios de Jerusalén saben decir dónde nacerá el Mesías, pero no se encuentran con Él. Lo alcanzan, sin embargo, unos extranjeros (Mt 8, 11; Lc 13, 29), que, ante un signo que aparece en su horizonte, se ponen en camino, buscan, preguntan... Llegan hasta Jesús, y alcanzan a reconocerlo como Dios (por eso lo adoran). La Verdad no se deja poseer por el hombre, pero se deja buscar y encontrar.

- La fe. La tradición ve la estrella como un símbolo de la fe, que nos llama y que nos va guiando (contando, también con nuestra respuesta libre y nuestro esfuerzo, como esos magos que estudian el significado de la estrella, preguntan…). Aunque el camino sea incierto y con peligros, nos lleva hasta Dios.

- La gratuidad. Es uno de los aspectos más entrañables de esta fiesta. Esos magos ofrecen regalos, como un gesto de reconocimiento hacia el Mesías niño, sin pedirle nada. La gratuidad sitúa las relaciones en un plano verdaderamente humano, que reconoce y afirma el valor de la persona. Cuando amamos a alguien, no por lo que nos puede dar, sino por sí mismo, establecemos relaciones auténticas, que nos ayudan a vivir y crecer.

- La adoración. También nuestra relación con Dios se hace más auténtica y más profunda en la gratuidad. Él nos ha dado todo gratuitamente. Adorar es una forma de orar que nos sitúa, en silencio, ante la grandeza de Dios. Sin buscar ni pretender nada. Sólo para estar con Él. Para mirarle y dejarnos mirar, poner nuestra realidad y nuestra vida ante su mirada (mirada que, como dice Juan de la Cruz, nos ama y nos renueva, nos crea de nuevo). Para amar, para cultivar la capacidad de asombro.

- La ofrenda. Somos también invitados, en este día (y en cada Eucaristía, en el ofertorio), a ofrecer a Dios lo que tenemos, lo que somos, lo que sentimos, lo que vivimos… Abrirlo a su presencia, a su acción, que nos va transformando., Como esos magos, que vuelven a su tierra por otro camino, de otra manera.


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


sábado, 6 de enero de 2024

"Venimos a adorarlo" (Mt 2, 1-12)

 

Hoy celebramos la Epifanía, la manifestación de Cristo a todos los pueblos. Una fiesta que nos llega envuelta en hermosas tradiciones (los nombres y caracterización de los Reyes Magos, los regalos, etc.). Conviene, con todo, centrarnos en el relato de Mateo. Un relato inquietante, lleno de paradojas que nos hacen pensar. 

Porque, para el mundo judío (reticente ante cualquier extranjero), los magos no eran figuras simpáticas. Al contrario, la Ley judía condena la magia, la adivinación  y toda forma de hechicería, porque son contrarias a la auténtica fe. Sin embargo, estos magos (astrólogos) han recibido una señal que ellos pueden comprender. Y emprenden un largo camino, no sólo geográfico, sino interior. Llegan a Jerusalén preguntando por un rey recién nacido, pero  buscando a Dios, porque quieren adorarlo. Son signo de los pueblos paganos, de aquellos que desconocen la revelación de Dios, pero también reciben una señal, según su capacidad de comprender. Y  son capaces de verla, de ponerse en camino, y dejarse guiar por esa estrella hasta encontrarlo.

Los que estaban más cerca, sin embargo, no llegarán a Jesús. Herodes, cegado por el poder, sólo ve un opositor a quien eliminar. Las autoridades intelectuales y religiosas saben dar una respuesta teórica, que puede valer igual para las maquinaciones del poderoso y para orientar a los que están buscando sinceramente. Y aunque saben dónde ha de nacer el Mesías y han escuchado que otros lo buscan, no se mueven de su sitio.

Cristo se revela a todos, y usa para ello medios insospechados. El Sínodo (que aún estamos celebrando) nos habla de una capacidad de escucha que tiene que ver con esto, con la búsqueda que late en el corazón de muchos, del Espíritu que envía señales, también fuera de los cauces previsibles para nosotros, y los mueve en poner en camino. Y nos invita a construir puentes, para poder llegar, juntos, a un encuentro más profundo con Cristo. 

Aquellos magos vivieron un auténtico. La alegría, el "caer de rodillas" ante Él, nos hablan de ello. También los regalos, que reconocen a Jesús como rey, como Dios, y como hombre que ha de sufrir. Y que, sobre todo, indican una capacidad de entrega de sí mismos a Aquél que nos regala la luz y la vida. Y volvieron "por otro camino", transformados. 

Hoy podemos pensar en las estrellas que iluminan nuestro horizonte. No las estrellas al estilo de Hollywood, sino al estilo de las que conocen los navegantes: luces sencillas pero capaces de orientar: personas, acontecimientos... y dar gracias a Dios por ellas. Y pensar qué pasos hemos de dar para buscar el encuentro con Jesús. Reconocer y agradecer a Dios el regalo de la vida, y tantas otras cosas que nos regala. Agradecer a las personas que nos quieren. Y vivir también en actitud de ofrenda, de compartir gozoso, ante ellos y ante Dios. 

Los Magos de Oriente representan a los gentiles. [...] Llegaron al pesebre como representantes de aquellos que en todos los países y pueblos buscan la salvación. La gracia los había conducido hasta el pesebre de Belén, antes de que pertenecieran a la Iglesia visible. En ellos vivía un deseo puro de alcanzar la Verdad, que no se deja contener en las fronteras de las doctrinas y tradiciones particulares. Dios es la verdad y él quiere manifestarse a todos aquellos que le buscan con sincero corazón; por eso, tarde o temprano tenía que aparecerse la estrella a esos “sabios”, para conducirlos por el camino de la Verdad. Por eso se presentan ante la Verdad encarnada y, postrados ante ella, depositan sus coronas a sus pies, pues todos los tesoros del mundo no son sino polvo en comparación con ella. Los Magos tienen también para nosotros un significado especial. Aún perteneciendo ya a la Iglesia visible, percibimos muchas veces la necesidad interior de superar los límites de las concepciones y costumbres heredadas. Nosotros conocíamos ya a Dios, sin embargo sentíamos que él quería ser buscado y encontrado de una manera nueva. Por eso buscamos una estrella que nos indique el camino recto...

                  Edith Stein

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

domingo, 7 de mayo de 2023

"Yo soy el camino y la verdad y la vida" (Jn 14, 1-12)


 A lo largo de este tiempo de Cuaresma y Pascua, Jesús se va revelando, y va revelando al Padre. Ese "Yo soy..." conecta con la revelación de Dios a Moisés (Ex 3, 14), y se va desplegando en una serie de palabras-símbolo: luz, agua viva, resurrección, puerta, pastor... Dejar que resuenen en nuestro corazón, meditarlas, nos ayuda a profundizar en nuestra relación con Él, en lo que Él significa para nosotros.

El pasaje del Evangelio que hoy escuchamos se sitúa en la última cena, después de que Jesús haya lavado los pies de los discípulos, haya expresado su mandamiento nuevo ("que, como yo os he amado, así taos améis también vosotros, los unos a los otros", Jn 13,34), y también haya aludido a las negaciones de Pedro. El mismo Jesús que dice "no se turbe vuestro corazón", es el que un momento antes, anunciando la traición de Judas, "se turbó en su interior" (Jn 13, 21). Conoce el miedo, la inseguridad, el desconcierto: el que El mismo siente; el que van a sentir sus discípulos ante su arresto y ejecución en la cruz; el que sentimos nosotros en muchas situaciones. Y como aquel que "va delante" (Jn 10, 4), nos invita a no dejar que esos sentimientos (que no podemos evitar sentir) se instalen en nuestro corazón y nos gobiernen. Nos invita a la fe y la confianza. 

Jesús habla de la vida eterna ("para que donde esté yo, estéis también vosotros"), y la presenta como un estar con El, compartir su vida, que ya se empieza a hacer realidad en esta vida. De alguna manera, la pregunta de Tomás "no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" puede expresar la incertidumbre humana ante esa vida que está más allá de nuestro conocimiento, y sobre cómo nos podemos encaminar hacia ella, podemos ir haciendo experiencia de ella. 

Ante esas preguntas, Jesús mismo se presenta como Camino, Verdad y Vida. Son palabras como diamantes, con muchos sentidos o facetas. De entrada, tienen una referencia muy concreta: ese Jesús que ha lavado los pies, que va a entregar su vida en la cruz, es el camino que hemos de seguir. Ese amor que se hace servicio y entrega es la verdad, y es la vida verdadera. 

Son tres palabras relacionadas entre sí. Jesús -su enseñanza, su persona, su existencia, también su presencia que se nos entrega en la Eucaristía- es una verdad que vamos descubriendo y una vida que se nos comparte en un camino, que vamos haciendo paso a paso. Porque somos incapaces de abarcar toda la verdad, y vivimos la vida en una sucesión de momentos. Jesús es camino (a la vez que guía y meta) que nos va llevando a la verdad y la vida. A la vez, es verdad que ilumina nuestros pasos, que nos ayuda a vivir auténticamente. Y es vitalidad, fuerza, que dan sentido al camino y calor humano a la verdad... En Él vamos descubriendo a Dios, con Él podemos ir también comprendiendo nuestra vida y orientándola a plenitud.  

Estando una vez en oración (...) se me dio a entender una verdad, que es cumplimiento de todas las verdades; entendí el gran bien que hay en no hacer caso de cosa que no sea para llegarnos más a Dios, y así entendí qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad. Esto que entendí es darme el Señor a entender que Él es la misma Verdad”.
            Esta Verdad que digo se me dio a entender, es en sí misma Verdad, y es sin principio ni fin, y todas las demás verdades dependen de esta Verdad, como todos los demás amores de este amor, y todas las demás grandezas de esta grandeza; aunque esto va dicho oscuro para la claridad con que a mí el Señor quiso se me diese a entender. ¡Y cómo se ve el poder de esta Majestad, pues en tan breve tiempo deja tan gran ganancia y tales cosas imprimidas en el alma!
           
Santa Teresa de Jesús, Vida, 40, 1-6

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)



domingo, 23 de abril de 2023

"Se puso a caminar con ellos" (Lc 24, 13-35)

 

En esta mañana de Pascua ("aquel mismo día": porque Jesús es presente, es presencia viva que acompaña Jn 11, 25), Lucas nos invita a ponernos en camino, con aquellos dos discípulos, cuya experiencia evoca lo que vivió la primera comunidad cristiana; y lo que, sin darnos apenas cuenta, porque nuestros ojos también están velados (Lc 24, 16), se nos ofrece a vivir. 

Jesús sale a paso de su (nuestro) camino. Ellos estaban "de vuelta" (en todos los sentidos). Desanimados, derrotados. Sus ojos son incapaces de reconocer a Jesús, de manera parecida a como son incapaces de reconocer lo que significa el sepulcro vacío, y de comprender el testimonio de las mujeres. Pero Jesús se acerca. Incluso ante su primera reacción es desabrida ("¿eres tú el único que no sabe...?"), se pone a la escucha de su desencanto, sus lamentos, sus esperanzas frustradas... Dios escucha, e invita a que le hablemos de nuestros sentimientos, inquietudes... 

Y en esa conversación, toma la palabra. Una palabra audaz, capaz de sacudir su ofuscamiento (en 1 Cor 15, 34 Pablo habla de algo parecido). Una palabra que ayuda a ver la historia vivida desde otra perspectiva, la de Dios que abre camino de salvación de una manera diferente ("era necesario..."). Jesús guía una nueva lectura de la Escritura, que ilumina lo que están viviendo, y enciende su corazón. Es lo que hizo con las primeras comunidades cristianas, que comprenden y resitúan lo que hoy llamamos Antiguo Testamento, desde Jesús. Es lo que sigue haciendo, cuando nos acercamos a la Escritura para leer, desde ella, nuestra vida. 

"Lo reconocieron en la fracción del pan". El relato culmina en ese momento en que reconocen, en el gesto de partir el pan, a ese Jesús que ha partido y compartido su vida con ellos y por ellos. "Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron". 

La expresión recuerda a la del Génesis, cuando "se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos" (Gn 3,7). Pero ahora todo es nuevo y de otra manera: la conciencia de la propia pobreza e indignidad, está iluminada por aquél que ha vencido al pecado y la muerte y nos sana, aquél que nos muestra la misericordia victoriosa de Dios. Por eso, en lugar de un camino de destierro y penalidades, el camino que se abre aquí es de gozo, de vida, un retorno a Jerusalén y a la comunidad. 

La Eucaristía se muestra como momento de reconocimiento de la presencia de Jesús. Un reconocimiento que tiene relación con la hospitalidad y el compartir ("quédate con nosotros"). Y con la comunidad, a la que vuelven aquellos discípulos para compartir el testimonio del resucitado (y vuelven de noche, pues han reconocido a Jesús en la cena, pero ni la noche les impide el camino). De algún modo, todo ese camino es como una Eucaristía, en la que han escuchado a Jesús explicarles las Escrituras, y han podido descubrir la presencia de Él en sus (nuestras) vidas.  

Una presencia que no se puede agarrar: "lo reconocieron. Pero él desapareció"; y a la vez, se dan cuenta de que sus corazones ardían cuando les hablaba por el camino. Antes, nos ha dicho que "entró para quedarse". Es esa presencia misteriosa que no podemos asir, controlar. Pero que nos llena de esperanza y nos guía por el camino. 

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

sábado, 2 de julio de 2022

"Poneos en camino" (Lc 10, 1-12.17-20)


 Jesús envía a sus discípulos. Esta vez, no se trata de los Doce, sino de setenta y dos, un número simbólico, mucho mayor, que habla de la totalidad de la comunidad. Los envía, por otra parte, cuando aún tienen mucho por aprender: participar de la misión de Jesús los ayudará a ser sus discípulos. Y es que el Evangelio se comprende al intentar vivirlo y transmitirlo. 

Van por delante de Jesús: Él mismo completará lo que ellos comienzan, en un campo tan amplio como el mundo, que necesita muchos obreros, urge la misión. Por eso, no han de detenerse a saludar a nadie por el camino. Y van "de dos en dos": no como individuos aislados, sino como comunidad.

A un mundo "de lobos", Jesús los envía "desarmados": sin seguridades, dispuestos a compartir el Evangelio (a curar, anunciar... ) y a dejarse acoger (a diferencia de otros predicadores itinerantes, que llevaban sus propios víveres para no contaminarse), con un mensaje de paz y de cercanía del Reino, incluso para quienes no quieran recibirlos. Su seguridad, más fuerte que otra defensa o medio, es la confianza en Dios, capaz de suscitar, también, relaciones de confianza y acogida mutua. 

El Evangelio nos recuerda, hoy, que somos todos enviados a anunciar, con palabras y obras, el Reino, la presencia de Dios entre los hombres, capaz de ir construyendo relaciones nuevas. Es un anuncio de alegría y de paz, como anticipan el profeta Isaías y el salmo. Un anuncio que implica también renovar nuestra forma de vivir, de formar comunidad cristiana, de vivir abiertos a los demás para acoger y dejarnos acoger. 

Nos invita, en fin, a ponernos en camino. Puede sonar paradójico, en este tiempo de fin de curso, de vacaciones para muchos. Puede ser una invitación a que, ahora que terminamos el recorrido de un año, pensemos ¿qué camino invita Dios a andar?


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

miércoles, 5 de enero de 2022

"Hemos visto su estrella, y venimos a adorarlo" (Mt 2, 1-12)


 Desde que, en el siglo IV, se estableció la fiesta de la Epifanía, la tradición ha ido revistiendo de detalles amables el relato de Mateo que, leído en sí mismo, produce sorpresa (o sobresalto, como lo produjo la llegada de los Magos a Jerusalén -Mt 2,3-, y también, años más tarde, el testimonio de la Resurrección en boca de las mujeres -Lc 24,22-):

En la capital de Israel se presentan unos extranjeros de mala reputación: Su condición de forasteros, ya los hace sospechosos para la mentalidad judía, y además se dedican a la magia y la astrología, condenadas por la Ley de Dios, la Torá. Lo hacen preguntando por aquello que es el corazón de la esperanza judía: la llegada del Mesías, y con intención de adorarlo. 

Sorprende, además, que serán esos extranjeros, venidos de lejos, los que se encuentren con Jesús, lo reconozcan y lo adoren, presentándole unas ofrendas que lo reconocen como Dios y hombre verdadero y como rey. Mientras los sabios y las autoridades que están muy cerca, en Jerusalén, y que saben decir dónde ha de nacer, no llegan hasta Él. 

Epifanía es la fiesta de la manifestación de Cristo a todos los pueblos, simbolizados en estos magos de Oriente. Una manifestación que se ofrece a aquéllos que están dispuestos a reconocer sus señales, a ponerse en camino; y mientras la desperdician los que no son capaces de salir de sí mismos, y se quedan en su comodidad o se encierran en actitudes de miedo. 

Esta fiesta nos invita a descubrir a Cristo como regalo de vida para cada uno de nosotros, que nos invita a hacernos ofrenda (en la plegaria eucarística III pedimos que el Espíritu Santo "nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de la heredad de Dios"). Nos invita a cultivar una actitud de discer



nimiento para descubrir la estrella que Dios enciende en nuestra vida (a veces oculta tras nubes o nieblas que ensombrecen nuestra mirada, o luces artificiales que nos deslumbran). En estos tiempos de Sínodo, nos habla también de la capacidad de escuchar "a los de fuera". Como ocurrió en Jerusalén, entonces, a veces los que parecen lejanos pueden estar preguntando, a su manera, por el corazón de nuestra esperanza.

Feliz fiesta de Epifanía.


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sábado, 4 de diciembre de 2021

"Preparad el camino del Señor" (Lucas 3, 1-6)

 

Lucas comienza el relato de los hechos de Jesús (tras la narración de su nacimiento e infancia) con la predicación de Juan el Bautista, y situándonos en el momento histórico con referencias precisas. Este detalle tiene su importancia para nosotros, inmersos en una cultura que está convirtiendo el relato de la Navidad en una especie de mito o de cuentecillo dulce que sirve para ilusionar a los niños y dar ocasión de celebraciones. Y es que nos preparamos para rememorar un hecho histórico, real: se trata, precisamente, de que Dios se hace "de carne y hueso", asume la realidad humana. Y se trata, precisamente, de que cada uno de nosotros abramos nuestra realidad concreta a Dios. 

Lucas presenta la predicación Juan, recogiendo la palabra de Isaías (Is 40, 3-4), llamando a preparar camino al Señor. Es una de las claves del Adviento. Al encender la segunda vela, se nos invita a preguntarnos: ¿cómo he de preparar yo el camino para que Dios entre en mi vida? ¿qué obstáculos he de remover, qué puentes he de tender, qué barreras debo cruzar, qué necesito allanar y abajar, qué necesito enderezar, de qué prostraciones tengo que levantarme...?

No es sólo trabajo nuestro. Al hablar de esa preparación Lucas entreteje expresiones activas ("preparad el camino del Señor") con una forma verbal pasiva ("los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados") que, en la Escritura, se usa con frecuencia para referirse a lo que es acción de Dios. Preparar su camino es algo que no haremos sólo con nuestro esfuerzo, sino con su ayuda. El Evangelio también te invita a poner ante Dios las cosas que se te hacen cuesta arriba, las que te "hunden", las que no sabes bien cómo encauzar... pidiéndole que te ayude a preparar su venida, a veces por senderos insospechados. 

Antes que diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas que son necesarias tener las que pretenden llevar camino de oración, y tan necesarias que, sin ser muy contemplativas, podrán estar muy adelante en el servicio del Señor; y es imposible, si no las tienen, ser muy contemplativas, y cuando pensaren lo son, están muy engañadas.  (…9 importa mucho entendamos lo muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz que tanto nos encomendó el Señor, interior y exteriormente: la una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado; la otra, verdadera humildad, que, aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza todas.

(Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 4, 3-4)



Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

sábado, 5 de diciembre de 2020

"Preparad el camino del Señor" (Mc 1, 1-8)

 


El Evangelio de Marcos comienza con la figura de Juan llamando a preparar el camino del Señor. Este profeta que se ha retirado al desierto y vive de forma diferente, nos llama a tomar distancia de nuestras rutinas, y del ritmo y la forma de pensar del mundo. Sólo así podemos preparar una Navidad que vaya más allá de luces artificiales y mensajes convencionales. 

La esperanza del Adviento, la esperanza cristiana, es activa. Valga, como ejemplo, que en la casa donde se espera la llegada de un niño, se preparan muchas cosas para acogerlo. 

Esperar al Señor implica también desbrozar el camino por donde ha de llegar, remover obstáculos, abrirle sitio. El evangelio de hoy nos promete a Aquél que viene con Espíritu Santo, y nos invita a preguntarnos: ¿Qué tengo que enderezar en mi vida, qué precisa ser levantado, o, por el contrario, rebajado? ¿Cómo he de hacer sitio a Dios en mi vida? (Una pregunta que se despliega en otras: ¿cómo cultivo la capacidad de escucha? ¿Qué lugar tiene la oración en mi vida? ¿Qué espacio hay para los otros en mi corazón, en mi vida, en mi horario?...). Y quizás más: ¿Qué puede esperar Dios de mí?..

Este domingo coincide, en España, con la fiesta de la Constitución. Merece también una reflexión. Aunque ningún régimen político, ninguna institución social es el Reino de Dios, este Reino lo vamos construyendo (aunque de forma fragmentaria, incompleta) a través de instituciones sociales y de una buena política (ésa de la que habla el Papa Francisco en "Fratelli Tutti"). "Esperar un cielo nuevo y una nueva tierra, en que habite la justicia" (2 Pe 3, 13) implica participar en el empeño por ir renovando este mundo y hacer que él habite la justicia, que ofrece oportunidad de vida digna para todos.


Lecturas de este domingo (www.dominicos.org) 

viernes, 24 de julio de 2020

Santiago, apóstol y peregrino



Santiago, apóstol, patrono de España, sigue hoy siendo evangelizador, entre otras maneras, a través de sus caminos, que invitan a descubrir la vida como una peregrinación. 

Peregrinar es descubrir la vida como un viaje donde cada etapa se vive intensamente: se afrontan las dificultades, se disfrutan los encuentros, los paisajes, las conversaciones... todo va dejando huella; y a la vez, en nada se instala el peregrino, porque la meta lo lleva siempre más allá, (Ultreya!: ¡sigue adelante!). El camino tiene una meta, que da sentido a todo y, a la vez, imprime una dinámica de llevar sólo lo esencial, de desinstalarse, de salir. 
Y es así que, en la lenta maduración de horas caminando, de cansancios, esfuerzos, desencantos y gozos, de soledad y de compartir se abre un camino de conocimiento interior, de encuentro con uno mismo. Y con Dios: Él, que es la verdadera meta, es también compañero de camino que, como en Emaús, va encendiendo el corazón.



  El Evangelio habla de un descubrimiento, de un tesoro escondido. Hay quien lo encuentra de forma inesperada, como el labrador que cava en ...