domingo, 29 de enero de 2023

"Bienaventurados" (Mt 5, 1-12a). Fiesta de San Valero

 


Hoy, en Zaragoza, recordamos al obispo San Valero, obispo, que, durante la persecución de Diocleciano, a principios del siglo IV, fue juzgado junto a su diácono, San Vicente, por el prefecto Daciano. A diferencia de él, no sufrió el martirios. Según la tradición, habría sido desterrado a los Pirineos. Se le venera como confesor de la fe y pastor de esta Iglesia de Zaragoza.

El Evangelio de esta fiesta (uno de los dos que se pueden elegir) coincide con el de este domingo, que nos ofrece las Bienaventuranzas. Es un texto que San Mateo y San Lucas colocan al comienzo de la predicación de Jesús, como "texto programático". Sin embargo, Jesús se dirige a discípulos que ya tienen un "recorrido", que ya conocen las dificultades que entraña ser seguidor de Jesús: el empobrecimiento que implica el compartir; el llanto de quien se acerca a compartir el sufrimiento de otros (como también, el de quien toma cabal conciencia de su propio pecado, de su fragilidad y pobreza); el hambre y sed de justicia de quien ha abandonado la indiferencia; la aparente inferioridad de los que optan por la no violencia, la paciencia y el aguante; e incluso la persecución, la discriminación, la calumnia.  

Ser discípulo de Jesús implica arrostrar, muchas veces, inconvenientes, sufrimientos y sacrificios. Jesús es consciente de ello, y por eso habla de ellos. Y se atreve a felicitar a quienes sufren todas estas cosas. Los felicita porque, precisamente, son discípulos suyos, porque están viviendo con autenticidad (y por eso, están pagando ese precio) el seguirlo. Porque ese camino que se hace "cuesta arriba" es el de la verdadera vida. Vida para ellos, y Vida que se transmite a otros. En el relato de las bienaventuranzas de Mateo se incluyen precisamente, actitudes que hacen presente el Reinado de Dios en el mundo: la misericordia, el trabajo por la paz ("se llamarán hijos de Dios" utiliza el "pasivo teológico" que hoy podríamos traducir como "Dios los llama sus hijos")... 

Vida que el Evangelio expresa en futuro, y ya es también presente. Ese "cielo" en que recibirán la recompensa, es, ciertamente, la vida eterna. Y esa vida eterna, ese Reino de los cielos, ya empiezan a hacerse presentes en el corazón y en la vida de quien ama, de quien vive desde Dios. Las Bienaventuranzas describen la paradoja de la paz que conocen los que optan por el amor en medio de la tribulación y el conflicto; la libertad y riqueza interior de los desprendidos y de aquellos que buscan la justicia; el consuelo interior de quien ha abierto su corazón a los demás, acercándose a los que sufren; la paz del humilde que conoce su realidad desde los ojos misericordiosos de Dios. 

Cada Bienaventuranza nos invita a meditar; a contrastarnos con ella, mirando a Jesús. Siguiéndole a Él, haciéndonos a su estilo, nuestra vida se hace aventura de Bien.

Lecturas de este domingo (www.dominicos.org)

Lecturas de San Valero



domingo, 22 de enero de 2023

"Una luz grande... Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos" (Mt 4, 12-23)


El pasaje que hoy escuchamos es como un "trailer" o una "obertura" del Evangelio de Mateo, que seguiremos este año. Podemos contemplar varias escenas, varios temas: el valor de Jesús, que empieza a predicar cuando Juan Bautista ha sido arrestado; el acercamiento de Jesús a la periferia (la "Galilea de los gentiles", en lugar de Jerusalén); la llamada a la conversión; la vocación de los primeros discípulos; el paso de Jesús que anuncia la cercanía del Reinado de Dios, y cura "toda enfermedad y toda dolencia"...

Y, presidiéndolo todo, la luz, que había anunciado el profeta Isaías (Is 8,23-9,3) y que resplandece en las palabras y en las obras de Jesús. Luz para los que habitan en tinieblas: que nos invita también, a cada uno, a abrir el corazón, para dejar que ilumine las sombras y los claroscuros de nuestra vida. Claridad que nos ve (como Jesús ve a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan), y nos invita a volvernos hacia esta luz que es guía, alegría, vida saludable. Y a seguirla.

Cabe aquí un apunte: "pescador de hombres" en nuestro lenguaje, puede sonar a algo así como alguien con mucha capacidad de captar, cautivar gente ("pescar..."). En el contexto de Jesús (aquel pueblo judío que identificaba el mar con el abismo), es algo más liberador: es "sacar personas del abismo". Es, en definitiva, tomar parte en esa misión de Jesús que anuncia el Reinado de Dios, su acción salvadora, "curando enfermedad y toda dolencia". 

Es, por eso, una acción que no ha de crear bandos, sino suscitar una experiencia de vida que une. Desde ahí podemos entender las palabras de Pablo, a la comunidad de Corinto, llamado a convertirse de la división a la unidad. Unas palabras que resuenan con fuerza, para nosotros, en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Los creyentes de las distintas confesiones cristianas pedimos a Dios que nos ayude a acercarnos, a reconstruir comunión, para vivir más profundamente la autenticidad de la salvación, de la vida que Él comparte con nosotros. Esa profundidad y esa comunión están unidas, llevan una a la otra. 

Con el salmo decimos: "El Señor es mi luz y mi salvación". Hoy celebramos el domingo de la Palabra de Dios. Un domingo que nos invita a dejarnos iluminar por la Palabra de Dios ("Lámpara es tu palabra para mis pasos", Salmo 119,105), que es palabra viva, capaz de transmitirnos la cercanía, el calor, la guía, el gozo de que hoy nos habla el Evangelio. Como decía el Papa Francisco, cuando instituyó esta fiesta, en 2019:

"Urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes (...) Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desafío para nuestras vidas" (Aperuit illis, 8.14)


("Cristo, Luz del Mundo. Quien te siga, tendrá la Luz de la Vida")

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

 

domingo, 15 de enero de 2023

"Ese es el que bautiza con Espíritu Santo" (Jn 1, 29-34)

 


Juan Bautista, que ha dedicado su vida a preparar el camino del Señor (Mc 1, 1-2) ahora nos lo presenta, con un lenguaje simbólico, que conecta con las promesas y anuncios del Antiguo Testamento, abriéndolos a sentidos nuevos.

Un cordero, sacrificado y compartido como comida de comunión, fue el instrumento de la liberación del pueblo de Israel, cuando Dios lo sacó de la esclavitud de Egipto. Jesús nos trae una nueva liberación, más profunda y total. Él quita el pecado del mundo, carga con él (el verbo griego que usa Juan significa "cargar sobre sí"), para liberarnos de él. Quien entra en comunión con Jesús, quien lo recibe, entra en un camino (éxodo) de liberación de la violencia, la injusticia y ambición, la manipulación del mundo... Jesús es quien nos trae la salvación de Dios. Y lo hace como cordero, por por caminos de paz, de sencillez, de entrega. Caminos diferentes de los que busca el mundo para transformar las cosas. Pero Jesús es también el que hace brotar en el mundo un camino nuevo de transformación, un camino que llegue, un día, a liberarlo de su pecado.

Jesús es también la "sede" del Espíritu Santo, que se ha posado sobre Él (como aquella paloma, en el relato del diluvio, que no regresó al arca porque encontró donde anidar. Gn 8, 9-12). Él es el que bautiza con Espíritu Santo: el que trae un nuevo comienzo, que no es simplemente un signo, ni una declaración de intenciones, ni un gesto exterior; sino una renovación que brota desde dentro, porque "el Espíritu habla a nuestro espíritu" (Rom 8,16), nos comunica los dones de Dios (sabiduría, paz, alegría, valor, delicadeza, discernimiento...) y con la fuerza creadora de Dios potencia nuestras capacidades, nuestra sensibilidad y nuestra personalidad, para hacernos crecer en el amor, llevar nuestra vida a plenitud. De nuevo, se nos invita a "hacer memoria" de nuestro bautismo, y también a tomar conciencia de esa obra que el Espíritu va haciendo en nosotros (¿qué hace crecer en nosotros, qué nos invita a cultivar?), con la que podemos colaborar. 

Jesús es el Hijo de Dios. El que nos revela, nos muestra verdadera y totalmente a Dios (siempre mayor que lo que alcanzamos a ver, Jn 1,18), y nos hace a nosotros hijos de Dios. 

Juan confiesa a Jesús (Jn 1, 19-20), y nos invita a seguirlo, como hizo, tras estas palabras, a Andrés y Juan (Jn 1, 35-39), que "se quedaron con Él". Con Él nos deja, para que lo vayamos escuchando en el evangelio que escuchamos cada domingo y cada día de este año recién comenzado. Para que lo sigamos, y  compartamos su vida. 

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


 


domingo, 8 de enero de 2023

"Este es mi Hijo amado" (Mt 3, 13-17)

 

Con la fiesta del Bautismo del Señor completamos el ciclo de la Navidad, en que celebramos la manifestación, la venida al mundo del Hijo de Dios. En el Evangelio de hoy se hace presente la Trinidad: sobre Cristo se posa el Espíritu, que va a acompañar todos sus hechos y palabras, y escuchamos la voz del Padre. El misterio de la Trinidad se hace presente en este momento en que Jesús se une a los pecadores que recibían el bautismo de Juan como signo de arrepentimiento, de apertura a Dios y búsqueda de su camino de justicia. 

Dios se muestra, así, solidario de esta humanidad que, entre tropiezos, errores y caídas, busca la paz, la justicia. Asume nuestro camino, con toda su imperfección y dificultades. De hecho, Jesús viene a hacerse cargo de nuestra debilidad, de cuanto nos dificulta el encuentro con el Padre. Juan lo señalará, así, como "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29). Así es como se cumplirá la justicia de Dios, que es salvación ("conviene que cumplamos toda justicia" Mt 3,15). La lectura de Isaías, con el Primer Canto del Siervo de Yahveh subraya esta identidad de Jesús como el siervo en quien Dios se alegra, sostenido por Él y acompañado en todo por su Espíritu (Is 42. El Cuarto Canto hablará de este Siervo como el cordero que se sacrifica para traernos salvación).

El Evangelio que escuchamos termina con la palabra del Padre que proclama su amor hacia Jesús. Ese amor es el que lo impulsa durante toda su vida, que "pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él", como resume San Pedro en la lectura de Hch 10, 34-38.

Ese amor es el del Dios que acoge a todos, y por eso precisamente nos ha entregado a su Hijo. Jesús comparte con cada uno de nosotros esta palabra que escucha en el Jordán. Y nuestro bautismo, precisamente, nos vincula a Jesús para siempre, nos hace hijos en el Hijo.

Vale la pena tomar un rato para orar con este Evangelio. Para tomar conciencia de que Jesús acompaña nuestro camino personal, con todo lo que hay en él (bueno y malo). Para escuchar, con Él, esta palabra que es para ti: "Este es mi hijo (o hija) amado, en quien yo me complazco".
Para poder pasar, como Jesús, haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. Vivir, en plenitud, todo cuanto significa nuestro bautismo.

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


viernes, 6 de enero de 2023

"Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo" (Mt 2, 1-12)

 

La fiesta de hoy nos habla de Dios que se manifiesta y trae la salvación para todos. Con el profeta Isaías nos llama al asombro, a ensanchar el corazón (Is 60,5). Y la carta a los Efesios (3,6) nos revela que Dios ha hecho "coherederos... partícipes de la misma promesa" a aquéllos que no se consideraban parte del pueblo elegido, que vivían lejos de Dios, sin conocerlo. 

Él viene como luz para todos: "sobre ti amanecerá el Señor" (Is 60,2). No excluye a nadie. Muestra de ello, es que los primeros testigos de su venida fueran los pastores (que, por su modo de vida, no cumplían la Ley, eran un tanto marginales), y ahora sean unos extranjeros, y además magos, que la Ley condenaba (Dt 18, 11). 

Llegan hasta Él los que buscan (¡Levántate! dice también Isaías 60,1), atentos a los signos que aparecen, preguntando. A diferencia de los escribas de Jerusalén, que "saben" dónde ha de nacer el Mesías, y que se sobresaltan, pero no se mueven, aquellos magos "se pusieron en camino", y, en aquel viaje que conoció dudas, incertidumbres y la oscuridad de la noche, "la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse donde estaba el niño" (Mt 2, 9). Y ellos lo reconocen, ya no como el rey que inicialmente buscaban (Mt 2,2), sino como Dios ante el que se arrodillan (Mt 2,10-11), que los llena, que ha manifestado su misericordia sin límites y los mueve a la generosidad, a hacerse ofrenda. Su viaje de retorno, "por otro camino", sugiere un cambio en sus vidas. 

La fiesta de hoy nos invita, también a nosotros, a descubrir la estrella, los signos que Dios pone en nuestro horizonte. A buscarlo, poniéndonos en camino (¿qué pasos he de dar? ¿Hacia dónde?). A reconocerlo. A adorarlo.

Homilía de Benedicto XVI en la Epifanía de 2008

Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

domingo, 1 de enero de 2023

"Nacido de una mujer... para que recibiéramos la adopción de hijos" (Gal 4, 4-7; Lc 2, 16-21)


Entramos en el año nuevo de la mano de María. Ella es testigo y colaboradora fundamental del misterio que celebramos: Dios se hace hombre, asume toda nuestra realidad. Dios comparte nuestra vida, para que nosotros seamos hijos de Dios. Y por eso, como nos dice san Pablo en la carta a los Gálatas, nos envía su Espíritu. Para que nos enseñe a orar -y a vivir- como Jesús. En ese "abbá" se nos ofrece toda la experiencia y el camino de confianza, de comunicación profunda, de entrega, que encontramos en Jesús. 

Además, Jesús es, plenamente, la bendición anunciada desde antiguo, que hemos escuchado en la lectura del libro de los Números (Num 6, 22-27): Es el rostro de Dios, que él ilumina sobre nosotros, como luz que nos guía. Él es nuestra paz (Ef 2, 14; Jn 14, 27-28), que nos acompaña para afrontar los acontecimientos que lleguen, porque con él todo camino lleva a la Vida. Y que nos hace capaces de construir paz, desde la reconciliación y la misericordia. 

Este primer día del año nos invita a hacer memoria de lo vivido el año pasado. Memoria que nos puede ayudar a aprender de las experiencias vividas, a tomar conciencia del paso de Dios por nuestra vida a lo largo de estos meses, a darle gracias por tantas cosas. 

Se nos invita a acercarnos a Belén, como los pastores del Evangelio. La Eucaristía (acción de gracias) es espacio para compartir nuestra fe, como ellos comparten las palabras que han recibido sobre ese niño, en un encuentro que suscita la alabanza, y ayuda a reconocer la presencia y la salvación de Dios en signos humildes, aparentemente tan insignificantes como un recién nacido acostado en un pesebre. Y María, la madre de Dios, nos ofrece una clave fundamental para acoger a Dios en nuestra vida, para poder encarnar su palabra y su amor en nuestro día a día: conservar todas todas estas cosas, meditándolas en el corazón. Para nosotros que vivimos entre tantas prisas y barullo, es un reto. Puede ser un buen propósito para este año.

Es, sobre todo, un camino para abrir nuestras vidas a ese Espíritu que nos conduce a descubrir la ternura del Abbá, y nos guía por caminos de libertad, para tener (ser herederos de) su Vida. No sabemos lo que nos deparará el año que comienza. Pero sabemos que Dios nos acompaña. Dejándonos acompañar por Él, haciendo espacio en nuestro corazón para todas estas cosas (su Palabra, el testimonio de su amor, sobre todo el compartido en comunidad, la capacidad de reconocerlo en sus humildes señales), podemos ir creciendo, a través de todo, como hijos suyos, ir descubriendo y saboreando su Vida. 

Hoy es también la Jornada Mundial de la Paz. El Papa Francisco, en su mensaje de hoy, nos recuerda que nadie puede salvarse solo, y nos invita a una conversión, a que nos comprometamos (con responsabilidad y compasión) con la sanación de nuestra sociedad y nuestro plantea, creando las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común."

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2023


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


  Los escribas y fariseos intentan “demostrar” que Jesús es un falso profeta, planteándole un dilem: tendría que elegir entre contradecir la...