sábado, 27 de marzo de 2021

"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" (Mc 11, 1-10; Mc 14 y 15)

 


Con los ramos y la aclamación a Cristo, entramos en la Semana Santa, donde celebraremos su victoria sobre la muerte y el pecado. Una victoria, como todo lo de Dios, que se realiza de otra manera, por caminos diferentes a los humanos... (el camino de la cruz, de la muerte...) precisamente para asumir todo lo humano. Es la Pascua, el Paso del Señor. Paso que nos lleva de la muerte a la vida, de la tiniebla a la luz. Somos llamados a abrir el corazón para que este Misterio pase por nosotros. 

Este año escuchamos el relato de la Pasión según san Marcos, el primero de los relatos evangélicos. Nos presenta cómo Cristo se revela (paradójicamente) en lo escondido. A través de su muerte, vence a la muerte. En el fracaso y el desprecio se revela como Hijo de Dios (Mc 15,40), que muere rezando un salmo de abandono y confianza en medio del sufrimiento, el salmo 21, que, según la costumbre de entonces, Marcos cita con sus primeras palabras: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Más aún (como ha señalado Secundino Castro en su obra "El sorprendente Jesús de Marcos"): las palabras que los presentes oyen, y que confunden con una invocación a Elías, serían las del versículo 11: Elí atha: "(desde el vientre materno) tú eres mi Dios". La muerte de Jesús corona su vida entregada en la confianza al Padre y su proyecto de amor a los hombres.

Dejémonos interpelar por el relato de Marcos, para acercarnos, de su mano, al misterio de la Cruz y la Resurrección. 

En la cruz está la vida
  y el consuelo,
y ella sola es el camino
   para el cielo.

Después que se puso en cruz
   el Salvador,
en la cruz está la gloria,
   y el honor;
y en el padecer dolor,
   vida y consuelo,

y el camino más seguro
   para el cielo.

(Teresa de Jesús)


Lecturas de hoy (ewtn)

miércoles, 24 de marzo de 2021

"El Señor está contigo" (Lc 1, 26-38)


 Cercanos a la Semana Santa, celebramos el fundamento de nuestra salvación: Dios viene a compartir nuestra vida, con todo lo hermoso y lo doloroso y difícil que ella tiene. Y lo hace para darnos a compartir su Vida. Así es como nuestra existencia se abre a un horizonte infinito, y a la vez se encuentra siempre acompañada por Aquél que ha venido para estar con nosotros en toda situación. 

Desde la ladera humana de este misterio, una palabra: "Hágase en mí según tu Palabra", que converge con la misma Palabra del Hijo: "Aquí estoy para hacer tu voluntad" (Heb 10, 4-10). Con esta Palabra se inaugura el nuevo culto, que ya no se basa en sacrificios ni ofrendas externas, sino en esa actitud de confianza con la que María abre su vida a Dios, ese Dios tan cercano, cuya voluntad es, para nosotros, vida en abundancia (Jn 10,10)

"la unión verdaderamente con la voluntad de Dios; ésta es la unión que toda mi vida he deseado; ésta es la que pido siempre a nuestro Señor, y la que está más clara y segura"
                        (Sta. Teresa de Jesús, 5 Moradas 3,5)


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

martes, 23 de marzo de 2021

Cultos en Semana Santa


 Cultos en Semana Santa 


Celebración penitencial: Viernes, 26 de marzo, 19 h.

Domingo de Ramos (28 marzo): 

            12:00 Misa Solemne. Bendición de Ramos en la iglesia

Jueves Santo (1 de abril)

        10:00 Laudes
        17:30Misa
        19:30 Cena del Señor
        21:30 Hora Santa

Viernes Santo (2 de abril)

        10:00 Laudes
        10:30 Via Crucis
        16:30 Celebración de la Pasión

Sábado Santo (3 de abril)

        10:00 Laudes
        20:30 Vigilia Pascual 

Domingo de Pascua (4 de abril)

        Horario de Misas habitual

domingo, 21 de marzo de 2021

"Si el grano de trigo..." (Jn 12, 20-33)

 


El domingo presente y el capítulo del Evangelio que leemos, nos aproximan a la Pasión del Señor, a su sentido. Jesús ha de pasar por el rechazo de su pueblo y ser elevado en la cruz. El aparente fracaso de su misión, la entrega de su vida en pura fe al Padre, es el camino por el que, misteriosamente, ha de convertirse en autor de salvación eterna (Heb 5,9) que atrae a todos a la Vida, como anticipa la escena de los griegos buscando el encuentro con Él. 

Juan nos permite atisbar las dificultades que el propio Jesús siente ante este paso. Su alma agitada (Jn 12,27) nos lo descubre como hombre verdadero, que vive la obediencia como un aprendizaje, y sufre (Heb 5,7). Es Dios que anda por caminos humanos, experimenta nuestras incertidumbres, y nos abre el camino a una salvación que no ha consistido en evitar el sufrimiento, sino en alcanzar la Vida.

La vida entregada de Jesús se hace propuesta para todos nosotros, con la imagen del grano que cae y se entrega para dar fruto. Somos invitados a "relativizar" nuestra vida, ponerla en juego (Juan transcribe al griego palabras que Jesús dijo en arameo, una lengua antigua, que usa simplemente los términos "amar" y "aborrecer", no tiene matices como "relativizar", "posponer", "preferir"...). Hemos recibido gratuitamente la vida, y la vida encuentra sentido cuando estamos dispuestos a entregarla por amor. Como la semilla, que, si se queda en sí misma, simplemente caduca. Pero da fruto cuando, sepultada en la oscuridad de la tierra, se abre para germinar. 

"Pondré mi ley en su interior" (Jer 31, 33). Dios nos ofrece una Alianza nueva y definitiva, no escrita en tablas de piedra, sino en el corazón, en la vida que se va desarrollando paso a paso. Una Alianza ("Donde esté yo, allí estará mi servidor" Jn 12, 26) que, como en la semilla, implica un camino, que se va descubriendo poco a poco, de abrirnos, transformarnos, crecer... para dar fruto. 


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

viernes, 19 de marzo de 2021

José, el silencio que acoge la Palabra

 

El silencio de José, en el Evangelio, es significativo. Cada personaje de los Evangelios de la infancia nos lega una oración: el Magníficat, el Benedictus, el Nunc Dimittis, la primera parte del Ave María... La oración que nos deja José es, precisamente, el silencio.
Silencio junto a Aquél que es la Palabra.
Silencio, en el que la interioridad de José se hace transparente a la voz de Dios, en los sueños ("Yo duermo, pero mi corazón vela", dice el Cantar, 5,2).
Silencio que se hace disponibilidad para los planes de Dios, en una peregrinación de fe, que lo lleva más allá de las convenciones de su tiempo y de los límites de su patria.
Silencio que se hace acogida cálida y colaboración eficaz .
Silencio despojado de protagonismos y libre de quejas, pronto para acompañar a María, y a Jesús en su crecimiento.
Silencio interior que le permite escuchar, más allá de las incertidumbres, de las persecuciones (él también "tuvo miedo", Mt 2,22), ese "no temas" (Mt 1, 20) del ángel, que alimenta su confianza, su alegría, su fe. 

"Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan (…) Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere; y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción.
    En especial, personas de oración, siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no le den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará el camino."
                                    Santa Teresa de Jesús, Vida, 6 6-8

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


sábado, 13 de marzo de 2021

"Tanto amó Dios al mundo" (Jn 3, 14-21)


La Torah refiere una extraña historia en el éxodo de los israelitas: atacados por una plaga de serpientes, Moisés hizo un estandarte con una serpiente de bronce, para que los que eran mordidos lo miraran, y así quedaran curados (Num 28, 8-9).

Cristo, elevado en la cruz, es nuestro estandarte.  

Ante un mundo que busca a toda costa el éxito, y fracasa, nosotros seguimos a Alguien que se atrevió a fracasar por amor.

Ante un mundo fascinado por el placer y por el poder, e impotente para detener el dolor que su propia injusticia provoca, levantamos a un crucificado, a Aquél que vino para servir y dar la vida por todos.

Ante un mundo que inútilmente intenta huir de la muerte o esconderla, nosotros miramos a alguien que asumió la muerte, para darnos la Vida.

Ante un mundo que tiende a cerrarse en el egoísmo y a rechazar a Dios, queremos abrir el corazón a quien, por amor al mundo, nos ha dado lo más querido, su propio Hijo.

El amor de Dios, manifestado en la entrega de Jesús, es nuestra bandera. La única capaz de reconciliar a la humanidad dividida en bandos, para construir un mundo de hermanos.

Es a Jesús a quien seguimos. Queremos vivir a su luz, acoger su amor, que se nos regala gratuitamente –por pura gracia estáis salvados (Ef 2, 5)-. Queremos responder con lealtad (realizar la verdad, Jn 3,21). 

Y a la vez, somos conscientes de que también hay sombras en nosotros. Estamos heridos: mordidos por la muerte, por la tristeza, por la soledad, por las miserias de nuestro mundo, porque somos de su misma barro: ambición, errores, idolatrías... Por eso miramos a Cristo, que ha cargado con todo eso, y que a través de su muerte, de su vida entregada por nosotros, abre un camino de liberación. Nos ponemos a la sombra de la cruz, a la luz del amor de Dios que se revela en ella. Con humildad, reconociendo nuestra realidad. Con confianza en su amor, que libera y renueva.

Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)



domingo, 7 de marzo de 2021

"Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1 Co 24; Jn 2, 13-25)


Este año, la Cuaresma, en las primeras lecturas, nos trae la historia de la relación de Dios con su pueblo, a través de las distintas alianzas: la que hace con Noé, que abarca a la humanidad (Gn 9, 8-15), la que hace con Abraham (Gn 22), la que hace con el pueblo de Israel, en el Sinaí (que incluye el Decálogo que hoy escuchamos), a la que el pueblo será infiel, y los anuncios de una nueva Alianza. Dios se va revelando, y va estableciendo unos vínculos, que se van haciendo más profundos en una historia en la que, por una parte, aparece la debilidad de la respuesta humana, y por otra, la misericordia de Dios que no abandona, que se da con mayor generosidad cada vez. 

La Alianza definitiva llega en Jesús, donde Dios asume nuestra misma condición humana, para compartir con nosotros toda su Vida. Por eso, Jesús será el nuevo y verdadero Templo, el lugar donde nos encontramos verdaderamente con Dios, como alude el Evangelio ("El hablaba del templo de su cuerpo -de su persona-" Jn 2,21). La escena que contemplamos, en el relato de Juan, es el segundo signo que Jesús hace, después de haber ofrecido en Caná el vino nuevo y mejor (que sustituía al vino viejo y agotado de la antigua ley). 

El gesto de Jesús, en este caso, es una denuncia. Se refiere, en primer lugar, al hecho de que aquel templo destinado a ser morada de la gloria de Dios, se hubiera convertido en lugar de mercado (y el más importante centro de poder y de economía del país). Pero apunta más allá: alcanza la tendencia que tenemos, siempre, de convertir la relación con Dios en un "mercadeo" de ofrendas y favores, un "te doy  esto para que me des aquello". La Nueva Alianza que Jesús trae tiene otro sabor: el de la gratuidad, el del amor incondicional de Dios y la confianza de la persona que se abre sin reservas, para vivir desde Él.  

En el mundo que vivimos, esta propuesta, como dice Pablo (1 Cor 22-25), puede parecer una escandalosa locura, muy lejos de la religiosidad judaica (y sus signos de identidad que le aseguraban ser "Pueblo de Dios") y de la sabiduría pagana que de los que se intentan asegurar en sus propios medios (éxito, dinero, poder...). Es el riesgo de la confianza y del amor, que llevaron a Jesús a la Cruz. Pero en Él es donde encontramos, la sabiduría y fuerza verdaderas. La Vida.

El gesto de Jesús en el Templo, tan chocante, nos sigue interpelando. Nos pregunta por lo que hay en nosotros (Jn 2, 25), por nuestras actitudes profundas y vitales ante él, ante la vida. 




  La parábola que hoy escuchamos es considerada el “corazón” del Evangelio de S. Lucas. Y se plantea también en un contexto central. El hech...