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jueves, 19 de marzo de 2026

“José, el esposo de María, de la cual nació Jesús” (Mt 1, 16.18-21)

 

Celebramos hoy a san José, un hombre que pasa en silencio por la Escritura, sin decir una palabra.

Durante siglos, también la Iglesia guardó silencio sobre él, podríamos decir que casi lo olvidó. Él mismo, ante la Encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios, acepta una posición que no es de protagonismo, sino de estar al servicio de Jesús y de María.

Poco a poco, a medida que se presta más atención a la realidad humana de Cristo (verdadero Dios y verdadero hombre), comienza un redescubrimiento de este hombre sencillo, humilde, cercano y fundamental. Y la Iglesia experimenta su cercanía, inspiradora y protectora.

José, que vive en la mayor cercanía del Misterio de Dios hecho hombre, vive también una realidad cercana a la nuestra: en familia, en el trabajo, entre dificultades y conflictos… Y nos enseña, silenciosamente, a acoger a Cristo en medio de esa realidad compleja, ambivalente, que nos toca a diario.

José, hombre del silencio, de la escucha, de la confianza en Dios convertida en creatividad valiente ante las dificultades de la vida, es para nosotros, como decía Teresa, maestro de oración, maestro de vida.

Carta "Patris Corde" del Papa Francisco, sobre S. José

Lecturas de hoy

miércoles, 19 de marzo de 2025

"Tome este santo por maestro de oración"

 

Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Paréceme ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío.

Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas (…) Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere; y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción.

            En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no le den gracias a san José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino.

Teresa de Jesús, Vida, 6, 7-8


viernes, 18 de marzo de 2022

"Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor" (Mt 1, 16.18-21)

Celebramos hoy la fiesta de José, aquel hombre justo, no con "la justicia de la ley" (de la que habla hoy la carta a los Romanos, cap. 4), sino con la fe, la confianza en el amor de Dios, que le dio capacidad de ajustarse a su voluntad de Dios.

Su figura, silenciosa, nos habla de escucha de la Palabra y de disponibilidad; de una fidelidad que renuncia al protagonismo y a la vez está pronta para colaborar con Dios, poniendo en ello creatividad. De un amor lleno de delicadeza, de ternura, de capacidad de acogida, que es imagen del amor del Padre. De un "cuidar" que también nos alcanza a nosotros, llamados a cuidar de Jesús en aquellos que nos necesitan, y cuidar de la Iglesia

"El Hijo del Todopoderoso viene al mundo asumiendo una condición de gran debilidad. Necesita de José para ser defendido, protegido, cuidado, criado. Dios confía en este hombre, del mismo modo que lo hace María, que encuentra en José no sólo al que quiere salvar su vida, sino al que siempre velará por ella y por el Niño (Patris Corde, 5)

"Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan (…) En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no le den gracias a san José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino.”

(Teresa de Jesús, Vida, 6, 6-8)

 

viernes, 19 de marzo de 2021

José, el silencio que acoge la Palabra

 

El silencio de José, en el Evangelio, es significativo. Cada personaje de los Evangelios de la infancia nos lega una oración: el Magníficat, el Benedictus, el Nunc Dimittis, la primera parte del Ave María... La oración que nos deja José es, precisamente, el silencio.
Silencio junto a Aquél que es la Palabra.
Silencio, en el que la interioridad de José se hace transparente a la voz de Dios, en los sueños ("Yo duermo, pero mi corazón vela", dice el Cantar, 5,2).
Silencio que se hace disponibilidad para los planes de Dios, en una peregrinación de fe, que lo lleva más allá de las convenciones de su tiempo y de los límites de su patria.
Silencio que se hace acogida cálida y colaboración eficaz .
Silencio despojado de protagonismos y libre de quejas, pronto para acompañar a María, y a Jesús en su crecimiento.
Silencio interior que le permite escuchar, más allá de las incertidumbres, de las persecuciones (él también "tuvo miedo", Mt 2,22), ese "no temas" (Mt 1, 20) del ángel, que alimenta su confianza, su alegría, su fe. 

"Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan (…) Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere; y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción.
    En especial, personas de oración, siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no le den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará el camino."
                                    Santa Teresa de Jesús, Vida, 6 6-8

Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


  ¿Qué es lo más importante en la vida, lo que puede dar sentido y sostener lo demás? Así podríamos traducir la pregunta que hoy se hace a...