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sábado, 12 de abril de 2025

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 22,14 - 23,56)

 

Entramos en la Semana Santa aclamando al Señor. Nuestra aclamación de los Ramos ya anuncia su victoria definitiva sobre la muerte y el mal. Tal vez también, al hacer nuestros los gestos de aquellos discípulos en Jerusalén (los que luego lo abandonaron, lo negaron…), nos recuerda que en alguna medida, también nuestro seguimiento de Jesús tiene aún mucho por comprender, por asimilar, por vivir. Lo que vamos a vivir en estos días es más grande de lo que nos damos cuenta.

Las dos lecturas que preceden al Evangelio nos ofrecen dos acercamientos a la Pasión. El tercer canto del Siervo de Yahveh (Is 50, 4-7) nos habla de un conocimiento de Dios desde el “reverso” de la historia, desde el lugar de los que sufren. De una experiencia profunda de confianza y amparo en medio de la dificultad y humillación, que hace capaz de “decir al abatido una palabra de aliento”. El himno de Flp 2, 6-11 resume la vida de Jesús, el Ungido de Dios, el Hijo, como un camino de abajamiento y entrega de sí (kénosis) que nos salva y que muestra la gloria de Dios (tan diferente a las glorias humanas y a la lógica del mundo).

El relato de la Pasión nos pone, una vez más, ante el hecho central de nuestra fe: la muerte de Jesús, que terminará en la Resurrección.

Lucas resalta algunos detalles, que han ido apareciendo a lo largo del Evangelio: la presencia de las mujeres (iconos de misericordia y testigos de su sepultura), la importancia de la oración (“orad, para no caer en tentación”)… Nos deja ver el desgarro de aquella jornada: las discusiones de los discípulos en la Cena, la constatación del desorden y violencia del mundo (“si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?”), la angustia de Jesús en el huerto.

Sin embargo, en medo de esos acontecimientos en los que parece que todo se desmorona (“lo que se refiere a mí toca a su fin”), encontraremos a Jesús que se mantiene fiel a la voluntad del Padre y, con confianza, termina su vida entregándola en sus manos. A Jesús que está “en medio de vosotros como el que sirve” y hasta el fin sigue transmitiendo misericordia: cura al soldado que viene a prenderlo, perdona a los que lo crucifican. Y, poco antes de morir, promete el Paraíso al ladrón que se vuelve a Él. Veladamente, en medio de las tinieblas que cubren la tierra, se anuncia la luz de la Resurrección, y la nueva Alianza de Dios con la humanidad, que abre a todos el acceso a Dios (“el velo del templo se rasgó”). La que Jesús anuncia en la Cena, y celebramos en la Eucaristía.


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


domingo, 2 de abril de 2023

"Obediente hasta la muerte... Jesucristo es Señor" (Flp 2, 6-11; Mt 26,14-27,66)

 

El Domingo de Ramos nos introduce en la Semana Santa, con ese gesto profético de la entrada de Jesús en Jerusalén, de forma humilde, y aclamado como aquél "que viene en nombre del Señor". Por las mismas fechas, el gobernador romano hacía su entrada en la capital, escoltado por un imponente despliegue militar para dejar claro su dominio de la situación. La entrada de Jesús es la del Mesías que viene, no con el poder de un ejército que se impone, sino con la fuerza del Espíritu, la fuerza de Dios Amor que se entrega y da vida, que salva. La aclamación de los que acompañan a Jesús anuncia una victoria que se va a realizar de forma muy diferente a como ellos esperaban, y con un alcance más definitivo. 

El relato de la Pasión nos introduce en todo lo que vamos a contemplar en estos días, para que lo meditemos una y otra vez, para que vayamos entrando en el sentido de este Misterio que siempre es más profundo de lo captamos, siempre es mayor. Y está más conectado con nuestras vidas de lo que percibimos. 

Se nos invita a una lectura pausada de la Pasión del Señor, para dejarnos interpelar por ella. Son muchas las escenas, las personalidades que aparecen, los elementos y los detalles que nos hablan. Cabe apuntar, entre otros, que el relato de Mateo se caracteriza por las frecuentes referencias al cumplimiento de las Escrituras, ya desde la entrada de Jesús en Jerusalén (Mt 21, 1-11) que recuerda el texto del profeta Zacarías (Za 9,9). La entrega y la muerte de Jesús es, efectivamente, el cumplimiento total de todos los anuncios y profecías anteriores, la Revelación plena de Dios. Jesús muere por fidelidad al Padre, al amor de Dios a todos los hombres, que él ha predicado sin plegarse a los exclusivismos de unos y otros (fariseos, nacionalistas judíos, etc.). Su entrega, su amor hasta el fin, su humilde despojarse de sí mismo y de la misma vida por nosotros (que canta Flp 2, 6-11), su comunión, en la cruz, con todos los que sufren, revela quién es Dios en verdad. 

Es un cumplimiento lleno de paradojas, que también aparecen por doquier: los discípulos que prometen ser fieles pero sucumbirán a su debilidad, y aún así, serán testigos de la fidelidad de Jesús que, en medio de todo, se entrega y salva; la incomprensión del pueblo elegido y de los doctores de la ley, frente a la reconocimiento de los paganos, que culmina en la confesión del centurión: "Verdaderamente este era Hijo de Dios". Dios lleva adelante su plan de salvación anunciado, pero no sucede como esperábamos. Acontece, de hecho, con más hondura y más alcance. 

Así sigue siendo. Esta cruz de Jesús ilumina también las encrucijadas de la vida de cada uno de nosotros, y nuestras contradicciones. En ellas también nos acompaña y salva, de forma, a veces, insospechada Somos invitados a la confianza en Él, y a dejarnos iluminar por su palabra, por su ejemplo, por su vida, por su presencia. . Somos invitados, en estos días, a mirar la cruz de Jesús. Y mirar nuestra vida a su luz. 



Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

sábado, 9 de abril de 2022

"El Rey que viene en el nombre del Señor" (Lc 19, 38; Lc 22 y 23)


 El Domingo de Ramos nos introduce en la Pascua que vamos a celebrar en esta semana. El tercer canto del Siervo de Yahveh, de Isaías (Is 50, 4-17) nos va acercando al misterio del enviado de Dios que va a salvar pasando por el sufrimiento y la humillación. Por su parte, la carta a los Filipenses (Flp 2, 6-11) nos ofrece un himno que resume la misión y la vida entera del Hijo de Dios como un camino de solidaridad con los hombres, un camino de abajamiento (kénosis), obediencia y servicio. Éste es el camino de la gloria de Dios. La gloria que, extrañamente, reconoce el centurión romano que asiste a la ejecución de Jesús. 

El relato de la Pasión, en los cuatro evangelios, es un relato denso, lleno de contenido, y a la vez conciso. Permite ver e imaginar los sufrimientos de Jesús, pero no abunda en ellos. Prefiere apuntar detalles que nos hablan de la salvación que esta vida entregada nos ofrece, del misterio de Dios que se revela, veladamente (valga la paradoja) en Jesús, el Maestro que muere despreciado, desautorizado, condenado. Y aun así, prometiendo vida y llamando a conversión. Lucas subraya la misericordia de Jesús y refiere con toda claridad la confianza en el Padre que Jesús vive hasta su último aliento (confianza que, de forma un poco más oscura, refieren Mateo y Marcos al recordarlo orando con el salmo 21). Vale la pena leerlo y contemplarlo despacio, dejándonos interpelar. 

Entramos con Jesús en Jerusalén. El Evangelio nos invita a entrar. A no quedarnos como meros espectadores. Llama la atención esa multitud que un día aclama entusiasmada, y otro condena, fácil de manipular porque le faltan raíces (Mt 13, 6). Incluso a los discípulos les cuesta alcanzar el sentido de lo que están viviendo, y se pierden en discusiones durante la Cena o se duermen en el Huerto. También a nosotros nos cuesta entrar en este Misterio, cuyo relato conocemos "de memoria", pero cuya profundidad nos sobrepasa. No nos quedemos en la superficie, en folclores, en sentimientos de un momento, en costumbres. Al celebrar la Pascua, cada año, (al celebrarla este año, con lo que estamos viviendo ahora), renovamos nuestro bautismo, que nos vincula, vitalmente, a Cristo muerto y resucitado. Para descubrir que su muerte acompaña y sana nuestras heridas, y su Resurrección va abre nuestra existencia a nuevas, dimensiones que son anticipos de una Vida incontenible. 


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

sábado, 27 de marzo de 2021

"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" (Mc 11, 1-10; Mc 14 y 15)

 


Con los ramos y la aclamación a Cristo, entramos en la Semana Santa, donde celebraremos su victoria sobre la muerte y el pecado. Una victoria, como todo lo de Dios, que se realiza de otra manera, por caminos diferentes a los humanos... (el camino de la cruz, de la muerte...) precisamente para asumir todo lo humano. Es la Pascua, el Paso del Señor. Paso que nos lleva de la muerte a la vida, de la tiniebla a la luz. Somos llamados a abrir el corazón para que este Misterio pase por nosotros. 

Este año escuchamos el relato de la Pasión según san Marcos, el primero de los relatos evangélicos. Nos presenta cómo Cristo se revela (paradójicamente) en lo escondido. A través de su muerte, vence a la muerte. En el fracaso y el desprecio se revela como Hijo de Dios (Mc 15,40), que muere rezando un salmo de abandono y confianza en medio del sufrimiento, el salmo 21, que, según la costumbre de entonces, Marcos cita con sus primeras palabras: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Más aún (como ha señalado Secundino Castro en su obra "El sorprendente Jesús de Marcos"): las palabras que los presentes oyen, y que confunden con una invocación a Elías, serían las del versículo 11: Elí atha: "(desde el vientre materno) tú eres mi Dios". La muerte de Jesús corona su vida entregada en la confianza al Padre y su proyecto de amor a los hombres.

Dejémonos interpelar por el relato de Marcos, para acercarnos, de su mano, al misterio de la Cruz y la Resurrección. 

En la cruz está la vida
  y el consuelo,
y ella sola es el camino
   para el cielo.

Después que se puso en cruz
   el Salvador,
en la cruz está la gloria,
   y el honor;
y en el padecer dolor,
   vida y consuelo,

y el camino más seguro
   para el cielo.

(Teresa de Jesús)


Lecturas de hoy (ewtn)

  El Evangelio habla de un descubrimiento, de un tesoro escondido. Hay quien lo encuentra de forma inesperada, como el labrador que cava en ...