sábado, 4 de abril de 2020

Guía para celebrar la Semana Santa en Familia


La Conferencia Episcopal Española ha publicado una guía para celebrar la Semana Santa en familia. En ella se recogen las lecturas de cada día, y de los Oficios litúrgicos, para que podamos leerlas y meditarlas. También recoge la Liturgia de las Horas, que nos ofrece la posibilidad de unirnos a la oración de toda la Iglesia, con los salmos y lecturas de estos días. Y, además, una serie de momentos orantes para esta semana, como una Hora Santa para el Jueves Santo, Via Crucis, Via Lucis, etc.

La guía se puede descargar, gratuitamente, en este enlace de la página web de la Conferencia Episcopal:

https://conferenciaepiscopal.es/guia-para-vivir-en-familia-la-semana-santa/

viernes, 3 de abril de 2020

“El Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10, 31-42)




En la discusión de Jesús con las autoridades judías, hoy aparece un nuevo detalle: Jesús fue acusado de blasfemo, no sólo porque se declaraba Hijo de Dios, sino también porque se oponía a un sistema religioso que acentuaba la distancia entre Dios y el hombre. Ese sistema agrandaba la posición del templo y los sacerdotes, como mediadores entre Dios y las gentes; y por otro lado, desligaba la práctica religiosa de la preocupación por las personas. 

La distancia de Dios al hombre es, ciertamente, infinita. Por ejemplo, se nota en lo lejos que están nuestras ideas (nuestra valoración del poder, del tener, del brillar…) de las ideas de Dios (las que vemos en Jesús: amor que es servicio y entrega). Sin embargo, Dios se ha hecho hombre para acercarse a nosotros y compartir nuestra vida. Por eso, todo lo de Dios (y la religión bien entendida) es humanizador. Y todo lo verdaderamente humano nos lleva a Dios. Por eso, la Iglesia es comunidad de hermanos, de hijos de Dios, y sus pastores son servidores de la comunidad.

El Hijo de Dios se ha hecho hombre para hacernos a nosotros hijos de Dios, para divinizarnos, para transmitirnos la vida de Dios. Las obras de Jesús muestran el camino: sanar, liberar, servir, compartir, entregarse… amar.


“Pero porque dijimos que Dios no se sirve de otra cosa sino de amor, (…) su deseo, sólo es de engrandecer al alma. Para sí nada de esto desea, pues no lo ha menester, y así, si de algo se sirve, es de que el alma se engrandezca; y como no hay otra cosa en que más la pueda engrandecer que igualándola consigo, por eso solamente se sirve de que le ame; porque la propiedad del amor es igualar al que ama con la cosa amada. De donde porque el alma aquí tiene perfecto amor, por eso se llama esposa del Hijo de Dios, lo cual significa igualdad con él, en la cual igualdad de amistad todas las cosas de los dos son comunes a entrambos, como el mismo Esposo lo dijo a sus discípulos, diciendo: Ya os he dicho mis amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he manifestado (Io 15, 15). Dice, pues, la canción:

            Mi alma se ha empleado
            y todo mi caudal en su servicio,
            ya no guardo ganado,
            ni ya tengo otro oficio
            que ya sólo en amar es mi ejercicio”.
(San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual,  28,1)


De madrugada (Brotes de Olivo)


jueves, 2 de abril de 2020

“El Señor se acuerda de su alianza eternamente” (Salmo 104. Jn 8, 5-159)



A pesar de la hostilidad, Jesús sigue presentándose, de manera cada vez más completa y clara: Él es el Hijo de Dios, y su palabra va más allá de las palabras humanas, tiene capacidad para dar vida.

Las lecturas de hoy esbozan, en dos trazos, la historia de la salvación, que es historia de alianzas: Dios ofrece su amistad y se compromete con la humanidad, en una serie de encuentros y acciones cada vez más amplias, más generosas, más creadoras de vida. En la primera alianza, Dios ofreció a Abraham una tierra y una descendencia, algo que parecía imposible para un nómada y para un matrimonio estéril. Ahora, en Jesús, Dios mismo comparte nuestra vida, y nos ofrece vida plena y eterna. Abraham, considerado padre de todos los creyentes, desborda de alegría al ver esta plenitud.

Y nosotros, descendientes de Abraham, somos llamados a vivir con alegría y con esperanza, en medio de las dificultades presentes. Nos acompaña la palabra y la presencia de Jesús, que tiene una capacidad insospechada para abrir nuevos caminos, para renovarnos, para dar vida.

Vengo a adorarte (Hillsong)


miércoles, 1 de abril de 2020

“La Verdad os hará libres” (Jn 8 31-32)


Frente a la autosuficiencia de los judíos, que se creían seguros por ser descendientes de Abraham, Jesús enciende unas señales que nos sirven de aviso a nosotros:

- Como dice el refrán “cada cual es hijo de sus obras”. Nuestra manera de actuar muestra en qué creemos (¿en la generosidad o en el egoísmo, en la verdad o en las ventajas de la mentira…?) y cómo creemos (decidida o débilmente…).

- El pecado siempre implica un engaño (muchas veces, nos engañamos a nosotros mismos…), y una forma de esclavitud (dejamos que algo nos ate, y nos aparte del camino de nuestra realización verdadera).

- La Verdad es liberadora. Teresa de Jesús nos dice que la humildad es “andar en verdad”: no engañarnos, no maquillar nuestra realidad (ni ante los demás, ni ante nosotros mismos). Es un esfuerzo, a veces doloroso, porque significa enfrentar nuestra pobreza y vulnerabilidad. Pero nos lleva a la experiencia de la mirada de Dios, que nos acoge y ama en esa verdad de lo que somos. Y nos hace libres.

“que, para conformarnos con nuestro Dios en algo, será bien que nos esforcemos siempre mucho de andar en esta verdad. No digo sólo que no digamos mentira (…)  sino que andemos en verdad delante de Dios y de las gentes de cuantas maneras pudiéremos, en especial no queriendo nos tengan por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotras lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad (...) Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad y púsoseme delante esto: que es porque Dios es suma Verdad y la humildad es andar en verdad”
Teresa de Jesús, VI Moradas, 10, 6-7

Andar en verdad (Enrique Ascoy)


martes, 31 de marzo de 2020

“Cuando levantéis al Hijo del Hombre, sabréis que Yo Soy” (Jn 8, 21-30)


El relato de la primera lectura, aquel estandarte con una serpiente, que curaba a los que eran mordidos por serpientes, es el transfondo de las palabras de Jesús en el Evangelio.

Cuando sea levantado en la cruz, Jesús se convertirá en estandarte salvador para el mundo. Nosotros, mordidos por el sufrimiento, la muerte y las injusticias de la vida, somos llamados a contemplar a Jesús, que sufre y muere injustamente en la cruz. Para ser sanados por Él.

Es una paradoja: en la cruz, donde Jesús llega hasta la aniquilación y la muerte, es precisamente donde se revela como auténtico Dios (“Yo Soy”). El amor de Jesús, que no retrocede ni ante la muerte, es la fuerza de Dios que vence a la muerte, que abre el camino de la Resurrección, que nos ofrece esperanza.

“El que me ha enviado está conmigo, no me ha dejado solo”

“Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede soportar; es ayuda y da fuerzas; nunca falta; es amigo verdadero. (…). He visto que por esta puerta hemos de entrar si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así que vuestra merced,  no quiera otro camino. Por aquí va seguro. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes; El lo enseñará. Mirando su vida, es el mejor modelo. ¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en las fatigas y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí. (…), que en negocios y persecuciones y fatigas, cuando no se puede tener tanta quietud, y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía”.
                                   Teresa de Jesús, Vida, 22, 6-7.10


Ven a mí (Ixcís)


lunes, 30 de marzo de 2020

Misericordia y justicia. “Tampoco yo te condeno. No peques más” (Jn 8, 1-11)



La primera lectura (la falsa denuncia contra Susana, (Dn 13, 41-62) nos sugiere una pista de lectura del Evangelio. El pecado de los escribas y fariseos está en su misma denuncia: entregan a juicio a la mujer, mientras dejan escapar al cómplice de adulterio, que (también ante la Ley) era tan culpable como ella.  Han manipulado la Ley, han jugado con la vida de una persona, para intentar poner una encerrona a Cristo.

Jesús pone en evidencia ese uso corrupto de la Ley, y con su actitud apunta hacia el sentido verdadero de la Ley: la justicia de Dios es salvadora, cuida la vida. Por eso, Jesús perdona: no condena al pecador, y tampoco justifica (ni banaliza) su pecado, sino que le abre a una vida nueva.

Tu bondad (Ixcís) 


domingo, 29 de marzo de 2020

“Yo soy la resurrección y la vida” (Jn. 11, 1-45)


Escuchamos la tercera y última gran catequesis para los catecúmenos que se preparaban para recibir el Bautismo en la Pascua. Jesús, que ha sido presentado como Agua viva (Jn 4, 5-42) y Luz del mundo (Jn 9), se nos presenta, en el Evangelio de hoy, como Aquél que la humanidad esperaba, en quien se cumplen las promesas definitivas, Aquél que es la Resurrección y la Vida.

Contemplamos a Jesús profundamente humano, llorando con Marta y María. Y desplegando el poder de Dios, que da vida a lo muerto, incluso cuando no parecía haber vuelta atrás (los cuatro días de Lázaro enterrado aluden a lo irreversible de la muerte).

Cada diálogo esboza una personalidad: el discípulo que no entiende, pero quiere seguir al Maestro hasta la muerte; la discípula desconcertada, llorando a los pies del Maestro (“si hubieras estado aquí…”); la amiga que le expresa abiertamente sus sentimientos, incluso le contesta, y que, precisamente así, abre su corazón en la fe más plena y pone por obra la palabra de Jesús.

Quitad la losa” (“Yo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de ellos” Is 37,12). “Desatadlo y dejadlo andar”. Son palabras de Jesús, también para nosotros. Si hemos dejado algo de nuestra vida sepultado tras una losa, si hay en nosotros algo mortecino (esperanzas, confianza…), el Evangelio de hoy nos invita a dejar a Jesús esa parte de nosotros que puede haber quedado ensombrecida, y traernos su luz.

Fuente de vida (Esperanza de vida)



  El Evangelio subraya la importancia y necesidad del perdón: - Es necesario para sanar las relaciones. Entre personas hay roces, y alguna...