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jueves, 2 de abril de 2026

“Como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13, 34; Jn 13, 1-15)

 

La celebración de la Cena del Señor nos introduce en el Triduo Pascual. Celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor para entrar en este misterio: para acercarnos más a Jesús, para empaparnos de su amor. Para dejar que Él ilumine nuestra vida (también tocada por la muerte), e ir entrando en la Vida Nueva que Él, el crucificado y resucitado, nos comunica.

En la Última Cena, Jesús comunica a sus discípulos (a nosotros también) lo esencial de su vida y de su misión. Y nos deja, como legado, este mandato: “Que, como yo os he amado, así también os améis vosotros los unos a los otros”.

El Evangelio de hoy lo expresa con un gesto lleno de humildad (lavar los pies a los visitantes, era tarea de esclavos), y a la vez, de solemnidad. Las palabras de Juan resaltan la importancia de este gesto y lo ponen en el contexto de la Pasión (“había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre”), como expresión de lo que significa. Tiene también un sentido sacerdotal: Jesús sabe “que había salido de Dios y a Dios volvía” y “que el Padre le había puesto todo en sus manos”.  Y Él va a ofrecer todo, entregando por amor toda su vida, en actitud de servicio, hasta la muerte en la cruz.

Jesús, a la vez, es consciente de la dura realidad que se avecina. Lucas al narrar esta Última Cena, habla de una crisis en la que todo se tambaleará (“Satanás os ha reclamado para zarandearos como trigo en la criba” Lc 22,31). Y poco después, en Getsemaní, aflora la agonía que Jesús vive en su interior.

Jesús hace este gesto de amor también en medio de esa crisis y esa agonía. Lo hace apoyado en el Padre en quien confía, quien le sostiene.

Y nos invita a vivir desde esta confianza, también en medio de nuestras dificultades y crisis. El fundamento de nuestra capacidad de amar es ese “como yo os he amado”, más fuerte que nuestras fuerzas y que nuestras debilidades. Necesitamos, como Pedro, dejarnos lavar los pies por Jesús (¿cuántas cosas necesito que Él lave en mí?). Necesitamos dejarnos tocar por su amor en toda su hondura. Para ir siendo capaces de amar como Él.

La Eucaristía de hoy nos recuerda que toda Eucaristía es memoria de la vida de Jesús, entregada en amor y servicio humilde hasta la Cruz, y de la Vida Nueva que nos transmite. Nos invita alimentarnos de Él, para apoyarnos en su amor. Nos introduce en el Misterio Pascual, con un mandato: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24) y una pregunta: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?”


Lecturas de hoy 

jueves, 17 de abril de 2025

“Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24; Jn 13,1-15)

 

En esta Cena, Jesús deja a sus discípulos y amigos, como legado, lo que es la esencia, el fundamento de su vida, de su misma persona, de su misión como enviado del Padre.

Lucas, en el Evangelio que escuchamos el Domingo, nos ofrece el contexto, nos asoma a la complejidad del ambiente en que se desarrolla: se presiente la cercanía del Reino de Dios (Lc 22,17.29-31), y a la vez la inminencia de la crisis en que todo se tambaleará (“Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo en la criba” (Lc 22, 31). Los discípulos no están preparados, y se manifiestan, una vez, dinámicas que los contaminan: “Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos se consideraba el más importante” (Lc 22, 24). Jesús dice entonces: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27).

Es lo que expresa con el gesto que Juan nos transmite, revestido de solemnidad, y también de amor a esos discípulos inmaduros: “sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.

Jesús se quita el manto (“se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo” Flp 2, 7. El manto era signo de dignidad) y se pone a lavar los pies de los discípulos, que era tarea de esclavos.

El gesto de Jesús nos alcanza, nos interpela. Es preciso descalzarse (como Moisés, Ex 3,5: “porque el lugar donde estás es sagrado”), para acogerlo. Pedro, lleno de buena voluntad para seguir a Jesús con sus fuerzas (que sucumbirán poco después) es un signo para nosotros: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo”. ¿De qué tengo que descalzarme, precisamente ahora, qué debo dejar que Jesús lave en mí? ¿Cómo necesito que Él, el que sanaba a los enfermos, toque en mi forma de caminar, para que pueda seguir sus pasos?

La Eucaristía de hoy nos recuerda cómo toda Eucaristía es memoria de la vida de Jesús, entregada en amor y servicio humilde hasta la Cruz, y de la Vida Nueva que nos transmite. Nos introduce en el Misterio Pascual, con un mandato: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24) y una pregunta: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?”


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

jueves, 28 de marzo de 2024

"Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11, 25. Jn 13, 1-15)

 


Comenzamos el Triduo Pascual, la celebración de la Pascua del Señor, el centro de nuestra vida como cristianos

La celebración de la Cena del Señor, donde se manifiesta su amor hasta el extremo, nos ofrece el sentido de lo que vamos a vivir en estos días, La muerte de Cristo en la Cruz es la expresión final y definitiva de esa entrega, que ha ido derramándose a lo largo de toda su vida, en favor de todos. Y la Resurrección manifiesta cómo esta entrega de Cristo, que baja hasta los abismos humanos del dolor, del fracaso y de la muerte, y que carga con nuestra historia de pecado, vence a la muerte y abre para nosotros la puerta de una nueva vida, la de Dios. 

Jesús ha vivido desde el amor del Padre y para transmitir y manifestar ese amor a todos. Por fidelidad a ese amor (amor que el mundo rechaza por su propia autenticidad, por ese "ser para todos" y no plegarse a los intereses, las manipulaciones y parcialidades de unos y otros), Jesús entrega su vida. Y en esa Cena, sabiendo que uno de los que comparten su mesa lo va a traicionar, y que todos lo van a abandonar, elige amar hasta el extremo, y entregarse a sus discípulos. Lo hace con un gesto de servicio humilde (propio de siervos). Y entregándonos toda su persona, su vida, su experiencia del Padre, su realidad, como alimento para que podamos llegar a asimilarlo. 

Pablo, en el primer relato escrito que tenemos de aquella Cena, nos transmite las palabras de Jesús: "Haced esto en memoria mía". La Eucaristía que celebramos cada domingo y cada día es como la punta del iceberg, o la clave de bóveda, de esa memoria de Jesús. Una señal viva, llena de su Presencia y de su Espíritu, que nos conduce a ir viviendo en memoria suya, a recordar, a llevar siempre en el corazón su amor -el amor de Dios que acompaña y hace preciosa la vida de cada uno de nosotros-, a ir convirtiendo nuestra propia vida en memoria de su entrega, de su disposición a servir con humildad. 


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


jueves, 6 de abril de 2023

"Haced esto en memoria mía" (1 Cor 11, 24; Jn 13,1-15)

 

Entramos en la celebración de la Pascua. Las lecturas de hoy nos hablan del sentido de la muerte y resurrección del Señor, que vamos a contemplar en estos días. Muerte (no lo olvidemos) que es consecuencia y culminación de su vida, y Resurrección que es fuente de Vida Nueva para nosotros. Conectan esta muerte y resurrección con la Pascua judía, que es memoria del paso salvador de Dios, que libera a su pueblo, y afianza su relación con él a través de un pacto, una alianza. En Pascua, de hecho, tuvo lugar la muerte y resurrección de Jesús. Sobre todo, es que la Pascua judía se convierte en anuncio de la de Jesús: su muerte y resurrección son el paso definitivo de Dios por nuestra historia, que nos libera y salva. 

Y por otro lado, conectan la Pascua con la Eucaristía que celebramos a diario; y que, cada día, remite nuestras vidas a la vida, muerte y resurrección de Jesús, y fortalece nuestra relación personal (alianza) con Él. Para que su salvación, su vida, vaya impregnando y transformando nuestra vida. 

El texto de la Carta a los Corintios que escuchamos hoy, es el relato más antiguo de la Última Cena de Jesús. Nos transmite el gesto de Jesús con el pan y el vino. Y Juan nos presenta otro gesto, el lavatorio, que nos ayuda a comprender el sentido de la muerte de Jesús, y también el sentido de la Iglesia, como comunidad que Jesús funda, y de la Eucaristía. Las primeras palabras del relato de Juan revisten de solemnidad este gesto: el lavatorio expresa el sentido de la vida y misión de Jesús (que, el domingo pasado, Pablo nos presentaba como un camino de entrega y humildad: por nosotros "se despojó de si mismo... hasta la muerte". Flp 2, 6-11), y revela el sentido de su muerte, que manifestará la gloria de Dios, su amor que está por encima de todo, y que ha de vencer a la muerte y al mal. 

Una solemnidad que contrasta con la humildad, con la escandalosa humillación del gesto que Jesús hace (un gesto de servicio relegado a los esclavos). Como será también escandalosa la humillación de su muerte en la cruz. El amor que Jesús enseña  no tiene límites, implica asumir lo que no entraría en un plan. Sólo el amor puede afrontar lo imprevisible, y la realidad humana, con sus limitaciones y heridas.

Juan nos dice que Jesús "se ciñe" para realizar este gesto, y vuelve a aludir después al paño que Jesús lleva ceñido. Lo que Jesús está haciendo no es casual. Jesús se ciñe, como el luchador para el combate, o como el pueblo para el Éxodo (en la primera lectura) para el camino de liberación que emprende. De hecho, Jesús se ciñe a la voluntad del Padre, a su amor a toda la humanidad, y afronta así su muerte ya próxima. Esa muerte, que iba a ser una injusticia, un abuso, un plan trazado por otros para eliminarlo, es algo que Jesús asume conscientemente, y lo convierte en entrega, y en vida. 

Juan subraya la iniciativa de Jesús. En el Éxodo se ceñía el pueblo, aquí es Jesús quien se ciñe. Donde cabía esperar que los discípulos sirvieran, es Jesús quien sirve. Aunque todos fallen (Pedro que, a pesar de sus promesas, negará a Jesús; Judas, que lo traicionará), Jesús lleva adelante su misión, y ante ese panorama desolador de traiciones y debilidades, manifiesta su amor hasta el extremo. El amor es más fuerte. El amor de Jesús es el fundamento firme de todo. 

Es preciso dejarse lavar por Él. Es preciso tener la humildad de reconocer su iniciativa, y acogerla. Tomar conciencia de este amor con el que Dios se pone a nuestros pies. En la medida en que llegamos a conocer este amor, a dejarnos rehacer por él, es él quien puede hacernos comprender, impulsarnos.

Y esto pasa por la comunidad. Comunidad que se ha de construir desde el amor y la humildad. Que vamos aprendiendo a construir día a día, al estilo de Jesús, haciendo el esfuerzo de servirnos unos a otros, y de dejarnos lavar unos por otros. 

Entramos en la Pascua. Para que Dios nos ayude a dar pasos, a entrar en la Vida Nueva que nos ofrece. 

Lecturas de hoy (www.domincos.org)

jueves, 14 de abril de 2022

"Los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1-15)

 


Nos disponemos a celebrar el Triduo Pascual: la muerte, sepultura y Resurrección del Señor. El Jueves Santo recoge el sentido de toda esta celebración, que se hace presente en cada Eucaristía. 

Jesús, sabiendo que está a punto de ser arrestado, celebra la Pascua definitiva con sus discípulos. La Pascua (= Paso) comenzó siendo una fiesta de paso del invierno a la primavera. Cuando los hebreos salieron de Egipto, se convirtió en la fiesta del paso de la esclavitud a la libertad, a convertirse en Pueblo de Dios. Ahora, con Jesús, va a ser el paso de la muerte a la vida, con una alianza nueva, y eterna, entre Dios y la humanidad: la que el Hijo de Dios realiza entregando su vida por nosotros, compartiendo nuestra muerte, para que nosotros podamos compartir su Vida. 

En la mesa de la Última Cena, Jesús entrega a los suyos lo que ha sido su vida: su experiencia del amor del Padre, su misericordia por toda la humanidad, su entrega por ese amor, en la que se recogen todos sus hechos y sus palabras. En el pan y el vino, que San Pablo recuerda en la carta a los Corintios (1 Cor 11, 23-26), Jesús pone su persona (su cuerpo) y su vida (su sangre). Y así, por la fuerza del Espíritu Santo, del mismo Espíritu que lo acompañó y que ha transmitido a su Iglesia, en la Eucaristía lo recibimos a Él, recibimos su presencia viva. 

El gesto del lavatorio de los pies expone lo que significa ese amor que mueve a Jesús: capacidad de servicio, humildad, entrega. 

Acogemos estos gestos, que fundan la Iglesia, para vivirlos, para ir aprendiendo a vivir como Jesús, y unidos a Él: "os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis" (Jn 13, 15). O, como recordamos cada día en Misa: "Haced esto en memoria mía". 

Un detalle más llama la atención: la Acción de Gracias que Jesús pronuncia. Era, ciertamente, uno de los ritos de la cena pascual. Pero el hecho de estar recogida en los relatos evangélicos y en el de Pablo indica que está llena de significado. Por un lado, esa acción de gracias era confesión de toda la obra salvadora de Dios, que precisamente se completa en Jesús. Por otra parte, conocemos el contexto, que Juan vuelve a recordar: Jesús sabe lo que viene sobre Él, como sabe también que uno de los suyos lo va a entregar y que los demás van a abandonarlo. Y, en estas circunstancias, Él ama hasta el extremo; y recoge y renueva la Acción de Gracias que expresaba la fe del pueblo de Dios. Tal vez el Evangelio nos invita a asomarnos a la profundidad de la mirada de Jesús: en medio de una trama que está urdida con miserias y debilidades, y que va a llevarlo a la cruz, Él descubre la presencia del Padre ("el que me envió está conmigo, no me ha dejado solo" Jn 8, 29), su amor, que va a salvarnos a todos, a cada uno de nosotros; un amor y una obra salvadora que da sentido a todo ese sufrimiento y redime toda esa pobreza. También nos entrega esto, para que lo vivamos. 


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)



  El domingo pasado veíamos a Jesús acompañar a los discípulos de Emaús, y conducirlos de nuevo a la comunidad, iluminados por su presencia ...