Jesús, hoy nos ofrece una palabra luminosa, con ocasión de
una pregunta trampa. Los fariseos y herodianos (enemigos entre sí, pero unidos
contra Jesús) pretendían ponerle en un dilema, y desautorizarlo ante el pueblo
(si decía que hay que pagar el tributo al César) o acusarlo ante el poder
romano (si decía que no hay que pagar).
Jesús pone en evidencia la falsedad de la pregunta: ellos ya
la habían respondido, y de hecho han acatado al César, porque llevan consigo (¡incluso
en el recinto sagrado del Templo, donde se sitúa esta discusión!) la moneda del
emperador, con su imagen y una inscripción que proclamaba su divinidad. Vale la
pena fijarnos en Jesús para aprender, también nosotros, a identificar preguntas
erróneos y resolver conflictos mal planteados.
Las palabras de Jesús nos enseñan, además, a deslindar el
plano “temporal” y el espiritual. El mundo tiene una autonomía legítima, una
forma de funcionar en lo político, económico, social… Y hemos de saber participar
en la sociedad, colaborando con el bien común. Pero hay otra dimensión,
señalada con ese “pero a Dios, lo de es
de Dios”. Y es la más honda y definitiva, pues, en último término, todo es
de Dios (“Yo soy el Señor y no hay otro”,
escuchamos hoy a Isaías). Respetamos las leyes del mundo (en la medida en que
se ajustan a criterios de justicia, de paz y solidaridad…), pero sólo Dios es
nuestro Señor.
Un Señor que nos ha dado todo, y que nos invita a responderle
con una actitud de confianza y de amor. “Dar
a Dios lo que es de Dios” no es un tributo que nos empobrece, sino, al
contrario, abrir toda nuestra vida a una relación que nos enriquece y hace
libres. Como decía S. Ireneo, “la gloria
de Dios es que el ser humano viva, y la vida del hombre es ver a Dios”.
Y hoy, el DOMUND nos invita a descubrir una dimensión de
esta respuesta. También hemos recibido de Dios el don de la fe, el vivir unidos
a Cristo. Y ese don lo hemos recibido para compartirlo, con otros. Es más, lo
recibimos y lo comprendemos plenamente cuando lo compartimos. Profundizamos en
nuestra unión con Cristo participando de su misión: anunciar y hacer presente
el amor de Dios a través de las enseñanzas, los gestos y la vida de Cristo. Y,
como Jesús, anunciarlo con palabras y con obras: por eso la Iglesia, anuncia el
Evangelio y abre escuelas, celebra los sacramentos y levanta hospitales, funda
comunidades y teje redes de solidaridad, anuncia la gloria de Dios y promueve
la dignidad de las personas.
Este domingo nos invita a pensar ¿qué puedo dar a Dios? ¿Cómo puedo participar en la
misión de la Iglesia?.
“El César busca su imagen, dádsela. Dios busca la suya: devolvédsela. No
pierda el César su moneda por vosotros; no pierda Dios la suya en vosotros”
(S. Agustín, Comentario al Salmo 57,11)
Te sugiero acercarte a alguna revista misionera: La Obra Máxima , Mundo Negro ... Es una forma de colaborar. Y también es una forma de ampliar tus horizontes, de conocer mejor el mundo (nuestros medios de comunicación, frecuentemente olvidan o silencian muchas regiones, muchas cuestiones).
El Domund cumple hoy 100 años. Aunque su historia comienza hace más de 200. En 1822, una joven francesa, la beata Paulina Jaricot, fundó la Asociación de la Propagación de la Fe. 100 años más tarde, el Papa Pío XI la asumió como Obra Pontificia para cooperación misionera, y en 1926 instituyó el Domingo Mundial de la Propagación de la Fe.

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