sábado, 10 de octubre de 2026

“Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (Mt 22, 1-14)

 

Jesús (e Isaías, en la primera lectura) compara el reino de Dios con un banquete magnífico. En contraste con la generosidad de esta invitación aparecen la indiferencia y el rechazo de los llamados.

La violencia de esa parábola resulta chocante en Jesús, que siempre anuncia la misericordia del Padre (aunque una parábola es un relato muy esquemático con trazos simples). Refleja, sin embargo, la realidad de nuestro mundo, donde recursos para que todos pudieran vivir con dignidad, pero, por el rechazo a los valores que Dios propone, se malogran las oportunidades de compartir y se desatan muchas veces la guerra y la brutalidad.

A pesar del rechazo de los llamados, el banquete se sigue ofreciendo, y con una generosidad que alcanza a todos, "malos y buenos". Es la misma benevolencia del "Padre celestial que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5, 45), que ofrece su amor a todos.

El "vestido de boda" significa que la invitación nos compromete a algo. La gracia de Dios es gratuita, pero no barata (como decía D. Bonhoeffer). El invitado expulsado había desdeñado también el banquete, al presentarse de manera negligente. Y su expulsión introduce la sentencia final del texto. Todos hemos sido llamados, pero es necesario responder. El vestido habla, aquí, de actitudes de vida. En esa línea, S. Pablo habla de "revestirnos” de una serie de actitudes: verdad, justicia  (Efesios, 6,6-19), entrañas de misericordia, bondad, humildad, paciencia (Col 2, 12). Finalmente, es revestirnos de Cristo (Gálatas, tas 3, 27; Efesios 4, 24).

El Evangelio, en fin, nos llama a preguntarnos cómo respondemos a la invitación que Dios nos hace para compartir la vida que Él nos ofrece.



“En  un reino lejano de Oriente, se encontraban dos amigos que tenían deseo de saber sobre el Bien y el Mal. Un día se acercaron a la cabaña del sabio Lang para hacerle algunas preguntas:

Anciano, díganos: ¿qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?…

El sabio contestó:  

– Veo una montaña de arroz recién cocinado, con variedad de manjares. Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palillos que utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración cada vez van a más.

– Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, con variedad de manjares. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.”


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