domingo, 31 de octubre de 2021

"Amarás..." (Mc 12, 28b-34; Dt 6, 2-6)

 


Para los judíos, la Ley es sabiduría para vivir. Es la presencia de Dios en medio de su pueblo. También, se volvió una maraña de 613 preceptos, entre los cuales llegaba a resultar difícil orientarse. El escriba, buen conocedor de aquellos preceptos, busca en Jesús ayuda para situarse ante ellos. 

Jesús remite a un texto bien conocido, que habla de Dios como fundamento de todo, que llama a escuchar y amarlo "con todo tu ser" y une a él, el amor al prójimo, que es el principio de todas las demás normas. La novedad de su respuesta está en unir el amor a Dios y a los demás (y a uno mismo).

Son palabras ya conocidas, pero su sentido tiene siempre mucho por descubrir. También nosotros tendemos a perdernos entre mil obligaciones y distracciones. Y  vivimos en una cultura de la fragmentación, que tiende a "deconstruir", a ir descomponiendo nuestra realidad en "elementos independientes" como si fueran piezas que se pueden separar y mezclar de nuevo arbitrariamente (se desvinculan, por ejemplo, el amor, la sexualidad y el compromiso; también la convivencia cotidiana y la comunicación...) y eso nos hace difícil integrar, "encontrar el hilo" de nuestra vida. Y Jesús nos invita a centrarnos en lo que de verdad es necesario, lo que da sentido a todo y es capaz de integrar todo: el amor, que es don y tarea. 

No se trata de una "obligación" más por "cumplir", sino de descubrir la necesidad y a la vez la riqueza fundamental que nos mueve: amar y ser amados. No se trata sólo de "hacer", sino también (por ejemplo) de "reconfigurar" nuestra capacidad de sentir: ¿hasta qué punto somos conscientes de que "Él nos amó primero" (1 Jn 4,19), del misterio de hermosura que nos envuelve, y de lo preciosos que somos a los ojos de Dios? 

Se trata de ir abriéndonos: a Dios, al otro, a nuestra propia realidad, con actitudes que van desde la capacidad contemplativa a la respuesta práctica y cotidiana a las necesidades del prójimo, y a educar la escucha. De todo un camino, siempre mayor de lo que sospechamos, y siempre a un paso de donde estamos. 


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)

sábado, 16 de octubre de 2021

"Para servir y dar su vida en rescate por todos" (Mc 10, 35-45)




El pasaje evangélico de hoy sigue al tercer anuncio de la Pasión (aludida en la Primera lectura, de Is 53, 10-11), en el que Jesús detalla que ha de sufrir la condena, el desprecio, el escarnio y la muerte, antes de resucitar. Y la conversación de Jesús con Santiago y Juan tiene muchas referencias a la cruz, con conexiones sorprendentes: el bautismo y el cáliz (que hacen pensar en cómo los sacramentos implican compartir el camino de Jesús), los puestos a la derecha y la izquierda (expresión que vuelve a aparecer... en el Calvario), la misma gloria que ellos reclaman (y que en el Evangelio, se manifiesta precisamente en la Cruz)... Los discípulos no saben lo que piden, ignoran el alcance del camino de Jesús y de sus propias palabras. 

La ambición de estos discípulos desata (como siempre) las rivalidades y divisiones en el seno de la comunidad. Jesús los reúne, con su palabra y ejemplo. Y es que Él se entregará "para reunir a los hijos de Dios dispersos" (Jn 11,52). A diferencia del mundo, y de su juego de poderes que trae opresión y luchas, Jesús propone el amor que se entrega como principio de la verdadera autoridad, la que viene de Dios, quien por amor nos ha creado y por amor se ha entregado por nosotros. La que puede hacer germinar una vida diferente, y hasta un mundo diferente. 

Al leer este evangelio en la Eucaristía, en comunidad de bautizados que se acerca a compartir el Pan y el Cáliz del Señor, me pregunto hasta qué punto he comprendido el Evangelio que escucho y el Misterio que celebro, hasta qué punto me he acercado a la propuesta de Jesús, a su estilo de vida, al amor que lo sustenta. Y recojo las palabras de la carta a los Hebreos (Heb 4, 14-16), que nos invita a acercarme con confianza a Él y a su gracia, que se compadece de nuestras debilidades, "para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente"


Lecturas de hoy (www.ciudadredonda.org)

lunes, 11 de octubre de 2021

"En una columna de nube para guiarlos por el camino" (Ex 13, 21)


En este día de alabanzas y celebraciones en honor de María, el Evangelio nos revela el secreto de su vida y bienaventuranza: "mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 11, 28). Con ello, nos centra, también, en la actitud que más nos acerca a María, la que nos ayuda a identificarnos con ella y honrarla. 

Contemplamos hoy a María en medio de la comunidad cristiana (Hch 1, 14), sosteniendo, alentando su perseverancia en la oración, que los prepara para acoger el Espíritu de Dios. Como aquella columna de fuego y nube con la que Dios guiaba y alumbraba al pueblo en su camino por el desierto (Ex 13, 21), María es para nosotros referencia luminosa, que nos invita a construir nuestra vida sobre Jesús, el verdadero cimiento (Mt 7, 24; 1 Cor 3, 11). Su sencillez abierta a Dios nos invita a, como buenos constructores, poner en él el centro de gravedad de nuestra vida, apoyar en Él nuestras cargas, trazar desde su Palabra las líneas fundamentales de nuestro actuar. 

Sólo María gestó y amamantó a Jesús. Pero nosotros podemos encarnar, hacer realidad sus palabras, sus gestos, e incluso sus sentimientos (Flp 2, 11), encarnar su Paz, su Alegría, participar en su experiencia del amor del Padre. Y esto es, precisamente, ser cristiano. María, madre y maestra, nos enseña y acompaña. 

Tú me haces comprender, ¡oh Reina de los santos!,
que no me es imposible caminar tras tus huellas.
Nos hiciste visible
el estrecho camino que va al cielo
con la constante práctica de virtudes humildes

                (Santa Teresa de Lisieux, Por qué te amo, María)


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


sábado, 9 de octubre de 2021

"Es imposible para los hombres, no para Dios"


Hoy, la lectura del libro de Sab. 7, 7-11, nos invita a buscar sabiduría. Nos prepara así para la escena (sorprendente) del Evangelio de hoy: alguien que "lo tiene todo" (es joven, es rico, ha cumplido todo lo prescrito...) y en un momento, toda esa riqueza se le vuelve miseria (Flp 3,8), porque le impide lo más importante: entrar en la Vida con Cristo. Es como el reverso de la vocación de Mateo (Mc 2, 13-14), cuando Jesús "vio a Leví", éste "se levantó y lo siguió" y a continuación hubo en su casa una fiesta en la que Jesús proclamó la misericordia del Padre que busca a los enfermos y pecadores. Frente a la alegría de los que se encuentran con Jesús, el joven rico marchó triste. 

Jesús señala la cuestión fundamental: dónde ponemos nuestra confianza. Y señala que salvarse es imposible para los hombres. Nadie puede salvarse con sus propios recursos, con sus propias fuerzas ni con sus propios méritos. Sólo con Jesús podemos entrar en la Vida. Por eso vale la pena dejarlo todo por Él, para encontrarlo todo en Él. 

La carta a los Hebreos (Heb. 4,12-13), hablándonos de la Palabra que conoce los deseos del corazón, y entra hasta lo más sutil y lo más escondido, nos invita a un discernimiento ante este Evangelio: hoy, ¿qué es lo que Jesús me invita a poner a disposición de Él y de los demás ("vende lo que tienes, dáselo a los pobres"), para seguirle?

Nos invita, previamente, a acoger su mirada, que se posa con cariño sobre nuestra realidad. Con el salmo oramos: "Sácianos de tu misericordia, Señor, y toda nuestra vida será alegría" (Sal 89,14)

“¿Cómo puedes preguntarme si puedes tú amar a Dios como le amo yo...? (...) Mis deseos de martirio no son nada, no son ellos los queme dan la confianza ilimitada que tengo en mi corazón. A decir verdad, las riquezas espirituales hacen injusto al hombre cuando se apoya en ellas con complacencia, creyendo que son algo grande.(...) Lo que le agrada [a Dios] es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia... Éste es mi único tesoro. Madrina querida, ¿por qué este tesoro no va a ser también el tuyo...?

La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al amor”.

                        Teresa de Lisieux, Carta 197, a su hermana María, 17-9-1896

 


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sábado, 2 de octubre de 2021

"Serán los dos una sola carne" (Mc 10, 2-16)


El hilo conductor del pasaje evangélico de hoy es (una vez más) la sensibilidad y cercanía de Jesús hacia los pequeños y vulnerables, que se manifiesta en su gesto de abrazar a los niños, y en su defensa del matrimonio y de la dignidad de la mujer. Pues lo que los fariseos plantean a Jesús no es el divorcio (como se entiende hoy) sino la facultad que, en la sociedad judía, el hombre (sólo el varón) tenía para repudiar a su mujer. En las interpretaciones más "flexibles" de la ley, ese repudio se podía justificar casi por cualquier motivo.

Jesús, una vez más, no entra en casuísticas legales, sino que remite al proyecto del Padre, expresado en el Génesis con unos términos sorprendentemente actuales, que subrayan la igualdad del varón y la mujer ("hueso de mis huesos y carne de mi carne", dice Adán, que no impone nombre a Eva, sino que la reconoce) y la complementariedad entre ambos, en la que la persona encuentra la ayuda que necesita para vivir. Esa igual dignidad y complementariedad están a la base de una unión que es obra de Dios: obra del amor. 

Este proyecto de Dios ("al principio de la creación") se ha de realizar en la actual condición humana, herida por el pecado, es decir, caracterizada por la fragilidad y temporalidad. Lo que significa la necesidad de cultivar día a día, con la ayuda de Dios el amor en la familia (y podemos recordar los textos de las cartas apostólicas sobre cómo encarnar el amor en lo cotidiano...). Y por otro lado, plantea el qué hacer cuando, por debilidades humanas, un proyecto así ha llegado a romperse irremediablemente. La Iglesia lleva años esforzándose en la reflexión sobre esta difícil cuestión (mejor dicho: este conjunto de cuestiones y situaciones diferentes). Podemos recoger las palabras del Papa Francisco en su exhortación apostólica  Amoris Laetitia (n. 299) que a su vez recogen reflexiones ya expresadas por Benedicto XVI sobre los divorciados: “no sólo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que puedan tener una experiencia feliz y fecunda. Son bautizados, son hermanos y hermanas, el Espíritu Santo derrama en ellos dones y carismas para el bien de todos (…) Ellos no solo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que les acoge siempre, los cuida con afecto y los anima en el camino de la vida y del Evangelio” 

El Evangelio de hoy termina con la imagen de Jesús entre los niños. Frente a los apóstoles que los regañan (tal vez porque molestaban, tal vez porque en aquella cultura, los niños contaban muy poco) Jesús aparece mostrando la ternura de Dios, que nos invita a recibir desde nuestra pequeñez. 






  La parábola que hoy escuchamos es considerada el “corazón” del Evangelio de S. Lucas. Y se plantea también en un contexto central. El hech...