En esta Pascua
marcada por la crisis, hemos palpado nuestra debilidad, hemos descubierto la
fragilidad de nuestras seguridades.
Las grietas de
nuestro mundo sacudido por la pandemia, las heridas que hemos vivido en este
tiempo, hoy se hacen ventanas para pedirte, Señor, el don de tu Espíritu.
Señor Jesús, tú
que te hiciste presente en medio del Cenáculo, danos tu Espíritu, que abra
aquello que en nosotros permanece cerrado por egoísmo, o por miedo, o por
autosuficiencia. Remueve los bloqueos y los obstáculos de nuestro corazón. Danos
tu Espíritu, y ayúdanos a acogerlo, buscando la verdad y el amor.
Tú que has
vencido al pecado y la muerte, y llevas en tus manos las heridas de la cruz,
danos tu Espíritu de misericordia, que nos reconcilia, y que nos ayuda a acercarnos a cuantos sufren.
Tú que nos invitas
a creer, danos tu Espíritu, que nos ayuda a escuchar tus palabras, a seguir tus
gestos, a comprender tu corazón, a encontrarnos, cada vez más, contigo.
Tú que nos
saludas con la Paz, danos tu Espíritu de confianza, de alegría, de serenidad.
Tú que nos envías
a la misión, danos tu Espíritu, para anunciar el Evangelio y alabarte en todos los lenguajes: enséñanos a escuchar todas las inquietudes,
todos los anhelos, todas las sensibilidades, haznos capaces de acercarnos y
comprender a todas las personas, para que podamos descubrir, junto a ellas,
cómo tu Palabra responde e ilumina, y podamos alabar tu gloria, que es vida
para todos.
Junto con el
Padre, creador de toda la diversidad, danos el Espíritu, fuente de innumerables dones, y constructor de la unidad en el amor.
Lecturas de
Pentecostés: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/31-5-2020/lecturas/