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domingo, 23 de marzo de 2025

"A ver si da fruto..." (Lc 13, 1-9)

 

Hace años, me impresionó esta reflexión de una amiga esta reflexión: la facilidad con la que respondemos con consejos cuando alguien nos cuenta un problema, a veces, es una “defensa inconsciente” ante la angustia que a nosotros mismos nos provoca el oírlo. Necesitamos sentirnos en un mundo seguro, donde todo tenga explicación. Y tendemos a pensar que, cuando a alguien le sucede una desgracia, es porque, de algún modo, cometió algún error. En el mundo judío, esta tendencia se expresaba en el pensamiento de que las desdichas son consecuencia de un pecado. El Antiguo Testamento recoge esta idea, y también la cuestiona (de ello habla el libro de Job). A ello se refiere Jesús, al hablar de las víctimas de la torre de Siloé y de la crueldad de Pilatos.

Recibimos a diario noticias de desastres y tragedias, y pensamos que sólo les ocurren a otros. Tendemos a vivir en una seguridad ilusoria, relacionada con la indiferencia con que podemos mirar los dolores ajenos, con la superficialidad e inconsciencia de nuestra cultura. Por eso, S. Pablo, en la carta a los Corintios (hablando de cristianos que se sentían muy seguros de sí mismos y participaban en actitudes y en actividades paganas) advierte: “el que se crea seguro, cuídese de no caer” (1 Cor 10, 12). Pero la realidad tiene una vertiente trágica, que, antes o después, de una u otra forma, nos alcanza a todos. ¿Estamos preparados, sabemos situarnos ante esa parte de la vida?

Por eso, hoy Jesús llama a la conversión. Para comprender lo que significa, hemos de ir más allá del típico pensamiento, que muchas veces se centra en el arrepentimiento por algunos pecados concretos. Tampoco se trata de vivir con miedo (conciencia, sí, pero no miedo). Se trata de un cambio de mentalidad, de orientación de la vida entera.

El pasaje del Éxodo que hoy escuchamos nos ofrece una clave para esa reorientación: Dios llama a Moisés, le encomienda la misión de liberar y guiar al pueblo, y entonces le revela su Nombre. Es un nombre misterioso, que trasciende nuestros conocimientos (soy el que soy), pero a la vez está revelando la cercanía de Dios a la humanidad: “he visto la opresión de mi pueblo… he bajado a librarlo”  (Ex 3, 13-15). Dios sale al paso de la historia humana, se revela como misericordia que actúa, y nos llama a colaborar con Él. 

Tejer redes de solidaridad (puede ser en una ONG, o en una comunidad o grupo cristiano. O en nuestra forma de relacionarnos con la familia, los amigos...) nos conecta con la respuesta que Jesús da ante el dolor ajeno; nos ayuda a sostener a las personas, a sostenernos mutuamente. Y es así como podemos acercarnos a Dios, y podemos comprender algo de Él: involucrándonos en la misericordia. Vivir así nos ayuda a encontrar apoyo firme en El, y nuestra vida se puede volver experiencia de su amor, como oramos con el Salmo: “Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; Él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura” (Salmo 102). Jesús nos invita a dar fruto (no es lo mismo que resultados. El fruto, en el Evangelio, tiene que ver con las actitudes que vivimos). ¿Cómo puedo cultivarlo yo?

 

Cercana la fiesta de s. José, podemos recordar unas palabras de la carta Patris Corde, del papa Francisco (n. 4)

“La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo (…) Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia. (…) Entonces, lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan. La fe que Cristo nos enseñó es, en cambio, la que vemos en san José, que no buscó atajos, sino que afrontó “con los ojos abiertos” lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona. La acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27), es «padre de los huérfanos y defensor de las viudas» (Sal 68,6) y nos ordena amar al extranjero…”


Lecturas de hoy (www.dominicos.org)


domingo, 14 de noviembre de 2021

"Mis palabras no pasarán" (Mc 13, 24-32). V Jornada Mundial de los pobres


Para comprender el Evangelio de hoy, y otros textos de estilo apocalíptico, nos ayuda conocer el contexto, doblemente marcado por situaciones angustiosas: Jesús se aproxima a Jerusalén, donde sufrirá el arresto y la cruz que desconcertarán a todos. Y la comunidad cristiana en la que Marcos escribe este relato, está sufriendo la persecución. En medio de situaciones de incertidumbre, de oscuridad, cuando las referencias de nuestro mundo se tambalean, Jesús sigue invitando a la confianza: sus palabras no pasan, su promesa de vida permanece. Él está a la puerta, siempre cercano.  Y en momentos de intemperie y dificultad, Él puede hacer brotar la vida. 

Estas palabras resuenan con un acento especial en esa V Jornada Mundial de los Pobres, en la que el Papa Francisco habla de la necesidad de un enfoque diferente de la pobreza (n. 7 de su mensaje para este día), y con ello, de la economía. Una economía que se nos tiende a presentar como una especie de entidad superior a nosotros, con leyes que no tenemos más remedio que acatar, pero que termina manifestando su inconsistencia, porque es obra nuestra, sometida a nuestros miedos y deseos; y por tanto, reformable. 

"¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación".

El Papa nos llama, en este día, a generar una cultura del compartir, que descubra a los pobres como evangelizadores (Los pobres no pueden ser sólo los que reciben; hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder).

"Que la Jornada Mundial de los Pobres, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos"

(Mensaje del Papa Francisco para la V Jornada Mundial de los Pobres)

Puedes leer el mensaje completo aquí


  ¿Qué es lo más importante en la vida, lo que puede dar sentido y sostener lo demás? Así podríamos traducir la pregunta que hoy se hace a...