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domingo, 26 de julio de 2026

"El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido" (Mt 13, 44-52)

 

El Evangelio habla de un descubrimiento, de un tesoro escondido. Hay quien lo encuentra de forma inesperada, como el labrador que cava en un campo (En la historia de la Iglesia tenemos ejemplos de ello: el propio S. Mateo, S. Pablo, S. Ignacio de Loyola...). Otros (como S. Agustín, S. Justino...) llegaron a él tras una larga búsqueda, como el comerciante de perlas. Para unos y otros, este tesoro llena de alegría. Y esa alegría da fuerzas para una opción radical: vale la pena darlo todo por ese tesoro, porque en él está lo que puede llenar nuestro corazón, lo que da valor a nuestra vida.

Un buen comentario a este evangelio es lo que decía Pablo, que, por el Evangelio, dejó la seguridad de la Ley: “todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, (…) y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a Él...” (Flp 3, 7,11).

El evangelio habla también de algo escondido.  Y la lectura del libro de los Reyes (3,5) nos habla de un corazón atento (literalmente: un corazón que escuche). Hay una llamada a la interioridad, como cuando Jesús invita a "orar a tu Padre que ve en lo escondido" (Mt 6,6). Y a cultivar la sabiduría de una mirada diferente a la del mundo, como propone el Papa Francisco: “no mirar tanto a las cosas que el mundo alaba, a mirar las periferias, (…) dar importancia a lo que otros descartan (…) lo realmente valioso no llama nuestra atención, sino que requiere un paciente discernimiento para ser descubierto y valorado”. (Audiencia 17-XI-2021).

                La última parábola (que se expresa en el lenguaje de Juicio propio de la cultura judía del siglo I) añade una reflexión: la opción que tomamos tiene consecuencias, nos orienta hacia un destino. No da igual hacer el bien que el mal, porque el mal (y por tanto, optar por el mal) es incompatible con Dios y con su Vida. Esta llamada a la responsabilidad (no al miedo), hoy la leemos con la perspectiva que nos da S. Pablo. En otro lugar (1 Timoteo 2, 4) dice que “quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Dios nos ha pre-destinado, nos ha llamado a unirnos a Cristo y hacernos imagen de Él, para participar de su Vida. Nos corresponde a nosotros, libremente, responder a esa llamada. Y “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”.

"Oye una palabra llena de sustancia y verdad inaccesible: es buscarle en fe y en amor, sin querer satisfacerte de cosa, ni gustarla ni entenderla más de lo que debes saber; que esos dos son los mozos del ciego que te guiarán por donde no sabes, allá a lo escondido de Dios (…)

Muy bien haces, ¡oh alma!, en buscarle siempre escondido, porque mucho ensalzas a Dios y mucho te llegas a él teniéndole por más alto y profundo que todo cuanto puedes alcanzar. (…) Bien haces, pues, en todo tiempo, ahora de adversidad, ahora de prosperidad espiritual o temporal, tener a Dios por escondido, y así clamar a él diciendo: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?"

        (San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual 1,11-12)


Hoy, 26 de julio, es la fiesta de S. Joaquín y Santa Ana, los padres (según la tradición) de la Virgen María. Celebramos la Jornada de los abuelos y las personas mayores. Aquí tienes el mensaje del Papa León XIV

Oración por nuestros mayores

 Señor Jesús, tú naciste de la Virgen María,
hija de los santos Joaquín y Ana.
Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. 

¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento
para las familias,
para la Iglesia y para toda la sociedad.

 ¡Sostenlos! Que cuando envejezcan
sigan siendo para sus familias
pilares fuertes de la fe evangélica,
custodios de los nobles ideales hogareños,
tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.

 Haz que sean maestros de sabiduría y valentía,
que transmitan a generaciones futuras
los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.

 Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad
a valorar la presencia y el papel de los abuelos.
Que jamás sean ignorados o excluidos,
sino que siempre encuentren respeto y amor.

 Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos
durante todos los años de vida que les concedas.

María, Madre de todos los vivientes, 
cuida constantemente a los abuelos,
acompáñalos durante su peregrinación terrena, 
y con tus oraciones obtén que todas las familias
se reúnan un día en nuestra patria celestial,
donde esperas a toda la humanidad
para el gran abrazo de la vida sin fin. Amén 



sábado, 29 de julio de 2023

"El Reino de Dios se parece a un tesoro escondido..." (Mt 13,44-52)

 


Las parábolas que hoy escuchamos dan cuenta de la radicalidad de las opciones que pide Jesús. Se corresponden, además, con lo que Jesús propuso a los que le seguían ("ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres. Así tendrás un tesoro en el cielo, y ven, sígueme" Lc 18, 22-23). Y con lo que muchos han hecho, como confiesa Pablo: “considero que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, (…) y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a él...” (Flp 3, 7,11). Quien se encuentra "a fondo" con Jesús (unos de forma casual, como quien encuentra un tesoro escondido, y otras, tras mucho buscar, como el mercader de perlas finas) sabe que vale la pena darlo todo por él. Y lo hace lleno de alegría, porque ha encontrado la plenitud de vida. 

La tercera parábola de hoy ofrece otra perspectiva, y también vuelve sobre el tema (del domingo pasado) de que en este mundo coexisten trigo y cizaña, "buenos" y "malos", distintas formas de enfocar la vida. Al fin, nuestras opciones (o la falta de opciones) también definen nuestra vida, y hacen que pueda ser una vida plena o una vida desperdiciada, gastada en "nadas". De fondo, está la propuesta (reflejada en la oración de Salomón, en la primera lectura) de buscar y pedir la sabiduría, saber vivir. 

Por otro lado, el tesoro escondido nos invita a buscar a Dios "en lo escondido". Hay ahí una llamada a la interioridad, que ya se intuía cuando Jesús invitaba a "orar a tu Padre que ve en lo escondido" (Mt 6,6). Y una llamada a cultivar la sabiduría de una mirada diferente a la del mundo, como propone el Papa Francisco: no mirar tanto a las cosas que el mundo alaba, a mirar las periferias, (…) dar importancia a lo que otros descartan (…) lo realmente valioso no llama nuestra atención, sino que requiere un paciente discernimiento para ser descubierto y valorado”. (Audiencia 17-XI-2021).

Vale la pena, también meditar la lectura de la carta a los Romanos, que habla del designio de Dios, un designio que es para todos (Pues Dios "quiere que todos los hombres se salven", como dice 1 Tm 2,4. Sin embargo, no todos tienen fe. Por eso, los que hemos recibido la gracia de encontrarnos con Dios, hemos sido escogidos, como dice hoy Pablo). No es que por amar a Dios todo nos vaya a salir bien, pero "a los que aman a Dios todo les sirve para el bien". El Hijo de Dios se ha hecho hombre para hacernos sus hermanos, imagen suya. Nos ha llamado para justificarnos, y hacernos partícipes de su gloria, de su vida. 

  El Evangelio subraya la importancia y necesidad del perdón: - Es necesario para sanar las relaciones. Entre personas hay roces, y alguna...