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domingo, 5 de enero de 2025

“La gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo” (Jn 1, 1-18)

 

La liturgia nos invita a seguir profundizando en el sentido de lo que estamos celebrando. Como dice la carta a los Efesios, “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia

Volvemos a escuchar (como en Navidad) el comienzo del Evangelio de Juan, que tiene gran riqueza. Las otras lecturas ayudan a iluminar, en él, algunos detalles:

- El Logos  (el término original de Juan, que se traduce como Palabra. O el Verbo, para subrayar su carácter activo). Es la palabra como capacidad de comunicación, y también significa razón, sabiduría… La reflexión del pueblo de Israel identifica esta sabiduría con la Palabra de Dios, como escuchamos en la lectura del Eclesiástico. El ser humano busca y necesita sabiduría para vivir, Dios nos entrega su sabiduría, que es su propio Hijo, en Jesús. Jesús (su persona, su palabra, sus obras…) es nuestra sabiduría, nuestra clave y criterio para nuestra forma de pensar y vivir, de comunicarnos…

- La gracia. Dios nos regala al Hijo, porque, desde antes de fundar el mundo, ha pensado en nosotros, nos ha creado y nos ha llamado a ser sus hijos. “Para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor”. Dios nos ama tanto que no puede tacharnos (lo que también llama a reflexionar sobre la facilidad con que, a veces, nosotros tachamos a otros), nos comparte su vida (la santidad), nos invita a vivir todo eso plenamente. Como nos recuerda San Juan “a los que lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen”. Nuestra disposición a acogerle es la parte que a nosotros nos toca, para que esa gracia dé fruto en plenitud. Recordamos que, en el arte de acoger y colaborar con Dios, María nos enseña y acompaña.

- Esa sabiduría para conocerlo y para comprender tiene relación con una conversión: desde nuestras ideas preconcebidas sobre Dios, nos volvemos hacia Jesús, porque “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Único de Dios, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”


domingo, 3 de enero de 2021

"La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros" (Jn 1,1-18)


 El Evangelio de hoy vuelve sobre el Prólogo de San Juan, que es una reflexión densa y vital sobre Dios y sobre la vida. 

"En el principio existía la Palabra" (Jn 1,1). El término que Juan usa, "Logos" (que intentamos traducir por "Verbo" o "Palabra") tiene un hondo significado: nos remite a la Sabiduría, la "lógica" la  que rige el universo y de la vida. 

El Hijo amado del Padre, Sabiduría eterna de Dios, que es luz y vida para nosotros, ha asumido la fragilidad de nuestra condición humana, haciéndose carne de nuestra carne. Y nos invita a acogerle.

"Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron" (Jn 1, 11). En un mundo manipulado por otras lógicas (la del poder y la fuerza, la apariencia...), acoger a Jesús nos invita a una opción radical, a plantearnos qué es lo esencial, en qué actitudes confiamos para orientar nuestra vida, cuál es "la lógica" de nuestra forma de vivir. 

"A cuantos la recibieron y creyeron en ella, les concedió el llegar a ser hijos de Dios" (Jn 1, 12). La Navidad nos invita a contemplar la gloria de Dios en Jesús (Jn 1,14) y nos introduce en un camino de crecimiento personal, para, unidos a Jesús, descubrir la libertad y la plenitud de ser hijos de Dios. 

Dios se hizo Hijo del hombre para que todos los hombres llegaran a ser hijos de Dios” (Edith Stein)

Lecturas de hoy (Vaticano)



  El Evangelio habla de un descubrimiento, de un tesoro escondido. Hay quien lo encuentra de forma inesperada, como el labrador que cava en ...