El Evangelio subraya la importancia y necesidad del perdón:
- Es necesario para sanar las relaciones. Entre personas hay
roces, y algunas veces nos hacemos daño (muchas veces, sin querer o por
conflictos inevitables...). El perdón es la única forma posible de sanar una
relación rota, y de construir una convivencia sana.
- Es el camino hacia la paz personal. El rencor nos envenena
por dentro, nos malogra. Perdonar nos permite recuperar la paz y nos libera del
pasado. También es importante pedir perdón, porque nos ayuda a asumir nuestros
errores y restaurar la relación con las personas en verdad.
Perdonar no significa justificar lo que ocurrió, ni tampoco
quitarle importancia. Es restablecer la relación con la persona en clave
positiva, y "pasar página",
para no quedarnos atados emocionalmente a un hecho del pasado.
- Jesús pone el perdón en referencia a Dios. Nos invita a
caer en la cuenta de la magnitud del perdón que nosotros recibimos de Dios.
Nuestra deuda con Él (no sólo por
nuestras ofensas, sino también por todo lo recibido, que no podríamos devolver)
es infinita. Y agradecerla (Col 3, 15: Sed
agradecidos). Es la gratitud la que nos hace capaces de gratuidad
Y, a la vez, es la gratuidad la
que nos pone en sintonía con Dios, para acoger el perdón que Él ofrece
incondicionalmente.
- En el perdón nos encontramos con Dios, experimentamos su
amor que nos renueva. La comunidad cristiana es lugar de la presencia de Dios
("allí estoy yo en medio de ellos"), porque es comunidad de
personas que perdonan. Así se hace transmisora de su reconciliación ("lo
que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo"), como
escuchábamos el domingo pasado (Mt 18, 18-20).
“¡Qué estimado debe ser este amarnos unos a otros del Señor! Pues
pudiera el buen Jesús ponerle delante otras [cosas], y decir: «perdonadnos,
Señor, porque hacemos mucha penitencia», o «porque rezamos mucho y
ayunamos y lo hemos dejado todo por vos y os amamos mucho»; y no dijo «porque perderíamos la vida por vos», y, como digo, otras cosas que pudiera
decir, sino sólo «porque perdonamos».
(...)
No puedo yo creer que
alma que tan junto llega de la misma misericordia adonde conoce la que es y lo
mucho que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda facilidad y
quede allanada en quedar muy bien con quien la injurió; porque tiene presente
el regalo y merced que le ha hecho, adonde vio señales de grande amor”
Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 36, 7-8.11
Muchas veces, el perdón es un camino. El primer paso es
“querer perdonar”. Lo siguen las actitudes y signos reconciliadores (tal vez no
podemos evitar sentirnos mal con alguien, pero sí podemos elegir tratarle bien …)
y más tarde, llega a ser ese “perdón de corazón” en el que podemos sentir la
paz interior. A ese camino lo acompaña la oración: pedir a Dios que sane
nuestras heridas y nos ayude a perdonar (o pedir perdón), nos infunda su paz.

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