Mateo (y también Marcos y Lucas) sitúa esta escena en la
mitad del camino de Jesús. Después de haber estado "proclamando la Buena Nueva del Reino y
curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo" (Mt 4, 23), y de
encontrar diferentes respuestas, Jesús hace como un alto en el camino, y lanza
esta pregunta. Y tras la confesión que hace Pedro en nombre de los discípulos,
las enseñanzas de Jesús entran en otra profundidad y su camino apunta a la
entrega definitiva en la cruz.
Como entonces, hoy se
pueden dar diferentes respuestas a la pregunta “¿quién dice la gente…?”, pero la pregunta verdaderamente
importante es la que Jesús nos dirige directamente a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?”
Vale la pena hacernos
esta pregunta. Y hacerla de vez en cuando. ¿Quién es Jesús para mí ahora, en
este momento de mi vida? ¿Qué dice mi vida de Él?
Es una pregunta que
introduce un diálogo. Jesús responde a Simón (Pedro) poniéndole un nombre nuevo:
Jesús le dice quién es Pedro, cuál es su identidad más honda, y su misión. En
diálogo con Dios, descubrimos nuestra vocación y el sentido de nuestro camino
vital (Ap. 2, 17: " le daré también
una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie
conoce, sino el que lo recibe"). Y nos vamos renovando.
Descubrimos cómo Dios se hace presente en nuestra vida, cómo es Él con
nosotros, cómo nos acompaña, qué pasos podemos dar.
Una pregunta y una
respuesta, personales, y a la vez, comunitarias. Pedro responde en nombre de
los discípulos. Y Jesús señala que esa respuesta ha sido inspirada por el
Padre. Esa respuesta lo hace "piedra"
sobre la que construir la Iglesia. La comunidad se fundamenta en la fe en
Jesús, que conlleva seguir sus enseñanzas y su estilo (“el primero entre vosotros será vuestro servidor” Mt 23, 11). Todo
liderazgo, en la Iglesia, está al servicio de esa fe que nos une, para
ayudarnos a afirmarnos en ella (Lc 22, 32 "y tú, cuando te recobres, confirma a tus hermanos") y
cuidarnos (Jn 21, 15-17). Esta es la misión de Pedro y de su sucesor, y esa
línea está la de todo pastor y agente de pastoral. La fe ha es compartida, y
crece y se afianza en la vida comunitaria.
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