Cuando Mateo escribe el Evangelio,
han comenzado las persecuciones. La comunidad cristiana ya sabe que la
fidelidad a Cristo puede costar la vida. En ese contexto, Mateo recoge estas
palabras de Jesús, que llaman a una fidelidad –y una confianza- radicales: “no temáis, pues vosotros valéis más que los gorriones”.
Son palabras actuales. Hoy,
millones de cristianos (¡sí, millones!) viven en peligro o sufren
discriminación por su fe: en el Sahel (Burkina Faso, Nigeria…), en muchos países islámicos (Pakistán, Arabia
Saudí…), en regímenes totalitarios (Nicaragua…). Sigue siendo necesario (quizás
hoy más que nunca) trabajar por el respeto a la libertad de conciencia.
“No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma…”
La fidelidad de tantos cristianos en medio de la prueba, nos llama a tomar
conciencia de la seriedad de vivir nuestra fe. Es preciso comprender las
palabras de Jesús: “a quien me niegue
ante los hombres, lo negaré yo también ante mi Padre”, que tienen la
radicalidad del lenguaje judío de entonces, y se matizan con los hechos de
Jesús (su perdón y rehabilitación de Pedro, que lo negó tres veces). No se
trata de tener miedo a Dios, que sempre está dispuesto a responder “con la bondad de su gracia, por su gran
compasión” (salmo 68). Es tomar conciencia de que, si nos dejamos arrastrar
por el mundo, renunciando a Cristo, nuestra vida puede irse vaciando de
sentido, podemos irnos perdiendo, sin casi darnos cuenta. Si nos alejamos de
Él, nos alejamos de la Vida.
La raíz de esa fidelidad es la
confianza. “No temáis”, dice y repite
Jesús. No podamos evitar, a veces, el sentimiento de temor (los sentimientos no
se pueden cambiar simplemente a fuerza de voluntad), pero sí podemos evitar que
el miedo nos gobierne. Y al hacerlo, crecemos en libertad.
Hay, además, razones para
confiar: aunque a veces parezca que la mentira triunfa, la verdad siempre se
abre paso (“la verdad padece, pero no
perece”, decía Teresa de Jesús): ”nada
hay escondido que no llegue a saberse”.
Y, sobre todo, Dios no se
desentiende de nosotros: "hasta los
cabellos de vuestra cabeza están todos contados". De forma misteriosa,
Él cuida de nosotros.
En este día en que Jesús repite "no temáis", podemos preguntarnos por nuestros temores. Ponerlos ante Dios, para que nos ayude a afrontarlos. Y preguntarnos por la forma en que hoy podemos "pregonar desde la azotea", hacer presente en el mundo la verdad que Dios va susurrando en nuestro interior y entre las oscuridades y luces de nuestro camino.

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