viernes, 14 de agosto de 2026

¡Bienvaventurada la que ha creído! (Lc 1, 39-56)

 


La fiesta de la Asunción de María tiene un profundo arraigo en el pueblo cristiano. Muestra de ello son los muchos pueblos y ciudades que celebran hoy su fiesta.

Un pueblo cristiano que conoce bien los dramas de la vida cotidiana (a los que también alude, aunque con un lenguaje extraño a nosotros, el libro del Apocalipsis). Crisis social, incendios, terremotos…  Contemplar a María participando plenamente (en cuerpo y alma) de la Resurrección de Cristo no es para evadirnos de la situación. El Evangelio nos muestra a María en camino, de prisa, para hacerse presente en casa de Isabel y ayudarla en el embarazo que afronta con una edad avanzada. Y María canta la obra salvadora de Dios en medio de la historia del pueblo (Abraham y su descendencia, y en favor de los pobres.

María es una señal para nosotros. Como nos dice hoy Pablo, también nosotros seremos asumidos por la Resurrección de Cristo. Una Vida Nueva y definitiva que asume también nuestros esfuerzos por hacer este mundo lo más habitable posible, y la vida que compartimos, ese crear lazos de apoyo mutuo, de cercanía, de escucha, de amistad y comunidad. Creer (¡Bienaventurada la que ha creído!) es también ponerse en camino. 




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