Comienza Jesús su predicación, y lo hace en la periferia de
Israel, en un lugar de Galilea frecuentado por gentiles. Se dirige, de forma
preferencial, a los que estaban alejados, postergados.
“A los que habitaban en tierra y en sombra de muerte, una luz les brilló”.
Las palabras y obras de Jesús, “proclamando
la buena noticia (evangelio) del Reinado
de Dios, y curando toda enfermedad y
toda dolencia en el pueblo” irrumpen como un torrente de luz en medio de
los claroscuros de la vida, de las dificultades que vive la gente. Mateo nos recuerda
el anuncio del profeta Isaías (9,1-3) que se cumple, entonces y también ahora:
¿qué sombras hay en nuestro mundo, y en mi vida, y cómo las puede estar
iluminando Jesús?
Está cerca el Reinado (o Reino) de Dios (los cielos es una forma judía de
referirse a Dios sin nombrarlo). Jesús lo proclama y lo hace presente con su
acción. Dios reina cuando las personas heridas sanan; cuando las personas
superan cegueras, dificultades para caminar y vivir…; cuando la reconciliación
sana vidas y relaciones enfermas; cuando nos ilumina la verdad y acertamos a
desarrollar nuestra vida; cuando crece la sensibilidad para cuidar la vida;
cuando la paz y la justicia van ganando terreno…
Dios reina haciendo a las personas vivir y crecer en
libertad, en plenitud. Por eso, su Reino no se impone, sino que crece desde dentro, desde la vida de quienes
se abren a Él, quienes se dejan conquistar
por el amor de Dios. En ese sentido habla Jesús de conversión, que es una
actitud amplia y profunda: es volvernos hacia Él, abrir el corazón, estar dispuestos
a un cambio de perspectiva y una nueva forma de vivir…
Desde esa nueva forma de mirar, podemos comprender la
invitación a ser “pescadores de hombres”. En castellano, “pescar” tiene
relación con, atrapar, o ganar algo o a alguien para los intereses del que “pesca”.
Para los judíos, que identificaban el mar con el abismo, un pescador de hombres puede ser alguien
que rescata personas del abismo para llevarlas a “tierra firme”. Alguien que,
como Jesús, ayuda a las personas a vivir y en plenitud. Los discípulos de Jesús
están llamados a tejer redes que no
atrapen, sino sostengan y hagan libres a las personas, las ayuden a realizar
sus vidas.
Celebramos hoy, además, el Domingo de la Palabra de Dios,
con el lema “La Palabra de Cristo habite
entre vosotros” (Col 3, 16). Se nos invita a volvernos hacia la Palabra de
Dios, cultivar la lectura y conocimiento de la Escritura, que nos lleva a
Cristo, a ese Reinado de Dios que hoy
se nos anuncia.
Página de la Conferencia Episcopal. Materiales para este día
Y concluimos hoy el Octavario de Oración por la Unidad de
los Cristianos, que nos recuerda, con la carta de Pablo a los Corintios, que
hemos seguir caminando hacia la unidad, para vivir con autenticidad nuestra fe.
Es un camino largo, en el que los cristianos de las distintas confesiones
estamos llamados a ir dando pasos de acercamiento mutuo, de fomentar lo que nos
une, de colaborar.

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