domingo, 31 de mayo de 2026

“Tanto amó Dios al mundo” (Jn 3, 16-18)

 

Las fiestas de la Santísima Trinidad y del Corpus Christi nos invitan a contemplar al Dios que se nos ha revelado en los acontecimientos de la Pascua: en la Resurrección y Ascensión de Jesucristo, y el envío del Espíritu Santo. Y a encontrarnos con Él, en la Eucaristía y en la vida de cada día.

Las reflexiones filosóficas sobre cómo Dios es Tres y a la vez es Uno llegaron después. Lo originario es la experiencia que lleva a esta confesión. Una experiencia que nosotros estamos llamados a vivir, y para ello, a comprender lo que implica.

De Israel, el pueblo de la Primera Alianza, recibimos la experiencia (forjada a través de siglos, de la experiencia del éxodo, del destierro…) de que Dios es Uno solo (Dt 6,4). Esto nos ofrece perspectiva para mirar nuestro mundo, con tantas divisiones y discordias, este mundo en que a veces vence el mal. Pero en Dios no hay división. Él se revela como misericordioso y leal (como escuchamos hoy en la lectura del Éxodo) encima de nuestros pecados y de nuestras rebeldías. Jesús añade: “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único… para que el mundo se salve por Él”. Esto nos invita a la confianza, porque el único Dios tiene la última palabra sobre nuestra vida y sobre al mundo, y es una palabra de salvación y amor. También nos llama a la conversión: a construir puentes de unidad entre todos los seres humanos.

Los primeros discípulos descubren que Jesús es Dios, desde la experiencia que viven con Él. Sobre todo, desde el encuentro con Cristo Resucitado, y la Vida que Él les transmite. Comprenden así que Jesús es, verdadera y plenamente, el Hijo de Dios, y que Dios es Padre.

Experimentan, además, que, cuando Jesús ya no está físicamente entre ellos, sigue haciéndose presente a través de su Espíritu, que va guiando a la comunidad y le transmite su amor, su paz, su fuerza, su alegría. Es tan fuerte esta experiencia, que descubren que el Espíritu no es meramente “algo” de Dios, sino presencia viva, personal, que nos lleva a Jesús (a sus enseñanzas y su persona) y al Padre.

El Evangelio y el Nuevo Testamento nos transmiten esta experiencia de Jesucristo, Hijo de Dios, y del Espíritu Santo, que nos conducen al Padre. Por eso hablamos de Dios como Padre, Hijo y Espíritu. Descubrimos así también que su Unidad no es uniformidad, sino comunión de amor (Dios es amor, 1 Jn 4,8) entre tres personas distintas. La unidad que nos llama a construir en el mundo también es unión desde la pluralidad.

Nos transmiten esta experiencia para que la vivamos. Para que abramos nuestra vida al Espíritu Santo y cultivemos la amistad con Cristo, el Hijo de Dios que se ha hecho nuestro hermano. Para que, unidos a Él, vivamos como hijos de Dios, arraigándonos en el amor del Padre. Como nos dice Pablo:  “alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz…La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros”.

Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche.

Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella tiene,
aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben de ella,
aunque es de noche.

Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosos sus corrientes
que infiernos, cielos riegan y las gentes,
aunque es de noche.

El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras
porque es de noche.

Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche. 

 San Juan de la Cruz



Lecturas de hoy 

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